Viernes, 19 Julio 2019
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La crisis que no cesa

La crisis que no cesa Destacado

En Venezuela: El hambre galopa en miles de familias que comen una vez al día.

Con un dolor profundo en el estómago, ojos hundidos y ojerosos, bajo una piel flácida pegada hasta los huesos, se les ve a millones de venezolanos caminando por calles desoladas en situación de pobreza extrema, aunque parece irónico, esto ocurre en VENEZUELA un país rico, con las mayores reservas petroleras del mundo, oro, diamantes, productor de uno de los mejores cacaos de Latinoamérica, icono de extraordinarios peloteros criollos en las grandes ligas estadounidenses y por su belleza, sus mujeres han sido coronadas en los certámenes universales.

En tiempos otroros, este país ubicado en Sudamérica, donde sus habitantes se daban el tupé de someterse a dieta, por sus altos estándares de estética, ahora viven una realidad aplastante y diametralmente opuesta, están a dieta no por gusto, sino por susto, no tienen dinero para comprar alimentos, porque su salario es insuficiente para adquirir los productos de la cesta básica, los cuales escasean y lo que ofertan son precios exorbitantes.

 La clase media se evapora
Al estar leyendo este artículo, usted puede imaginarse, que esto sucede solo en las familias de bajos recursos y donde sus componentes no son profesionales, pero esta crisis, arrasó con la clase media, con los que tienen un título universitario, poseen vivienda propia y carro. Ser profesional en Venezuela, no los salva de la crisis, tal es el caso de Jorge Prada, Ingeniero, egresado de la Universidad Nacional Experimental del Táchira (UNET), casado con Luzmary Prada, ambos trabajan para sostener a tres hijos, uno de 16, Jorge David, otro de 15, Jorge Daniel ambos estudian segundo nivel de educación media, y el último de 9 años, Jorge Diego, estudia educación primaria.

Sin embargo, no les alcanza el salario, para cubrir las necesidades básicas de su familia, como: alimento, ropa, útiles escolares y pagar los servicios del hogar, de hecho no consumen proteínas, la dieta se basa en arroz, harina y un poco de  frijoles. Debido a la crisis Jorge ha rebajado más de 19 kilos y su esposa Luzmary unos 15 kilogramos.

Pero, perder peso no es su mayor preocupación, la familia Prada enfrenta un reto mayor, uno de sus hijos, Jorge Daniel  a los 11 años le fue diagnosticado  un tumor cerebral, fue sometido a radioterapias y luego quimioterapias durante un año, en estos momentos padece de los efectos colaterales de las radiaciones, está bajo tratamiento preventivo anticonvulsivo, controles semestrales por oncología, neurología y endocrinología.

Ante este cuadro de emergencia médica familiar, los padres  deben comprar las medicinas de Jorge Daniel en la frontera colombo venezolana, específicamente en la ciudad de Cúcuta, Departamento Norte de Santander, Colombia, lo cual resulta muy costoso, porque deben pagarlo en pesos colombianos y la moneda venezolana está devaluada ante la divisa colombiana.

Es importante resaltar, que para la fecha de esta entrevista, tiene pendientes practicarse el examen anual de espectroscopia, en la ciudad de Caracas, lo cual es sumamente costoso, porque es el único equipo que hay en el país, y determina si el tumor continúa estable o ha tenido algún tipo de movimiento.

Pero la perseverancia y la voluntad de la familia Prada, no tiene límites, ellos son recursivos, para poder sufragar medianamente los gastos de medicinas, tratamientos médicos y alimentos, ellos trabajan entre semana y algunos fines de semana hacen verbenas, donde sus amigos y parientes preparan comida para venderla en la comunidad y de esa forma recolectan dinero.

Padres se quitan la comida de la boca para dársela a sus hijos
Padres comen menos, para alimentar a su bebé, este es el caso de la familia Camacho, Ricardo Camacho y su esposa Paola, quienes son padres de un bebé de 6 meses, llamado Jared Matías. Ricardo es profesional, licenciado en Biología y Química de la Universidad Católica del Táchira, trabaja como profesor en educación básica, su salario es fraccionado y es todo reto alimentar a su bebé, cumplir con el esquema de vacunas y proveer lo necesario para vivir.

Su esposa Paola, es estudiante universitaria en la Universidad de Los Andes-Táchira (ULA), comenta que, Jared Matías fue llevado a control con el pediatra por su bajo peso, acto seguido lo refirieron al nefrólogo, quien se percató que el lactante expulsa electrolitos a través de la orina, actualmente el bebito está bajo tratamiento.

Por su parte, Ricardo explica que con lo que gana al mes, no le alcanza para comprar un pote de leche de fórmula, y ese pote solo rinde para una semana, por lo que ellos comen menos para alimentar con frutas y verduras al infante”, Ricardo, con firmeza concluye:” vivimos un día  a la vez”

Sin tratamiento médico familias enteras batallan con enfermedades mentales
Actualmente, Venezuela atraviesa una hiperinflación generada por una crisis económica, política y social, bajar de peso en Venezuela por inanición, es el pan de todos los días, tal es el caso de Ciro Mora Ramos, un obrero del ramo de construcción, quien pesaba 70 kilogramos y actualmente pesa 48 kilogramos, es cabeza de familia, tiene 3 hijos, viven en una casa humilde, en una zona popular de San Cristóbal, estado Tachira.

En el momento de esta entrevista él y su familia, no han comido nada durante todo el día, está guardando el alimento para la cena, el cual consiste en un poco de arroz y agua. Mora Ramos explica que está pasando una situación crítica, su salario mensual de 40 mil soberanos, es decir $ 6.46 al mes, que no le alcanzan para hacer el mercado, así como tampoco para adquirir las medicinas para su esposa, quien padece de trastorno bipolar, y los hijos visten y calzan con donaciones, su hijo mayor Jesús Mora, tiene 13 años, estudia 7mo grado, Zeleyca Mora, tiene 9 años de edad, estudia 3er grado, Cleiden Mora tiene 6 años de edad y estudia 2do grado, esta familia está sobreviviendo día tras día.

Esta misma escena se repite en la familia García, Eddy García es una mujer alta, atractiva, madre de 4 hijos, camina erguida pero tímida, padece de depresión, su sueldo y el de sus hijos no les basta, para alimentarlos, así que solo consumen harinas precocidas, sus hijos trabajan en una panadería y pan es lo que mayormente consumen. Dos de sus hijos, Ángela y Jesús padecen de esquizofrenia, y transcurren los meses y no pueden comprar medicamentos para equilibrar su condición.

Por su parte, Rubby Benitez, clama por ayuda, no tiene dinero para adquirir los alimentos de la cesta básica de alimentos, solo consume agua miel (agua caliente con papelón o piloncillo) y arepa. Rubby  padece de esquizofrenia, no está bajo tratamiento médico, porque no tiene dinero para comprar las medicinas, se gana la vida planchando, pero ya las familias a quienes le trabajaba, no la llaman para que preste sus servicios, por la severa crisis económica que atraviesa el país, sobrevive gracias a su hijo, Bryan quien trabaja como mecánico, pero solo gana el salario mínimo.

 Los ojos de venezolanos claman por ayuda
Dicen que los ojos son el reflejo del alma, este es el caso de Edita Fonseca, una mujer que nació en Barranquilla, y se naturalizó como venezolana desde hace 46 años, es de espíritu alegre y siempre sonríe, su mirada cambió a raíz de la muerte de su única hija, a quien el lupus le arrebató la vida, pero Edita halló consuelo en sus nietos, uno de ellos es Kenay, quien  tiene 11 años, hijo de la difunta Mirna Estela, Kenay nació con parálisis cerebral espástica, retraso global de desarrollo con respuesta bajas para su edad, padece de epilepsias leves, porque está bajo tratamiento médico, y el niño también padece de trastornos tiroideos.

Edita, con su ojos desolados, dice: “mi vida se centra en comprar medicinas y pañales, mi nieto está mal alimentado, porque solo comemos, arroz y arepa (maíz precocido), no se consiguen proteínas, y si se consiguen, son a precios inaccesibles. Fonseca añade: “Kenay utiliza la misma silla de ruedas desde que tenía 4 años, estamos carentes de todo, pero yo sigo luchando por mi nieto y mi familia”.

La hecatombe económica va apagando la visión  de los adultos mayores, un claro ejemplo es el caso de Celina Lindarte, una anciana de 90 años, quien  con coraje dice: “casi no puedo ver ni a mis hijos, no los puedo reconocer de cerca, porque estoy enferma de la vista”. Celina, sufre de presión arterial alta, se siente muy débil y padece de intensos dolores de cabeza, la longeva alega: “no consigo mis medicinas y ya tengo un año que no se que es comer carne, atún, pollo y cerdo”, mientras que su hija  Alba Sofia Lindarte, nuestra situación actual es caótica, “no consumimos proteínas, sólo comemos chocheco (plátano verde pequeño), arroz y de vez en cuando un huevito”, ellas viven en una casa hecha de barro, a las orillas del río Chucurí, en el sector de La Concordia, estado Táchira, con dos de sus tres hijas y un nieto, con una sonrisa en los labios y ojos azules como el mar, concluye “cualquier ayuda que puedan dar, se los agradecería de todo corazón”.

Ser muy flaca no es muy bonito
Eso dice una de las hijas de la familia Ramírez, producto de la peor crisis económica que atraviesa la historia de Venezuela en este siglo XXI, la cual está compuesta por Carlos Ramírez, profesional, Contador Público egresado de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y su esposa Raquel Ramírez, licenciada en Educación Básica Integral, Carlos ha perdido más de 20 kilogramos, porque no le alcanza el dinero para comprar alimentos, esta pareja tienen 4 hijos: Gabriela de 15 años estudia 9no grado, Nicole de 11 años, estudia 5to grado, Josue de 4 años, está en preescolar y Liliana, quien tiene 13 años, cursante del 6to grado, ella padece de tiroides, y por otro lado, ella y sus hermanos, presentan desnutrición, Liliana en su inocencia alega: “no me gusta ser flaca, no es muy bonito, también se me cae el cabello, esto es estresante, irritante, no tenemos ropa ,zapatos y tampoco toallas sanitarias, solo utilizamos paños y es vergonzoso, no tener acceso a los productos de higiene personal”.

Estas son las impresiones de la caótica situación a la que se enfrentan las familias venezolanas, ubicadas en la cordillera andina, no son hechos aislados, estas realidades están plasmadas en cada hogar del territorio nacional, Venezuela está extinguiéndose económica, política y socialmente, ante la indolencia de un gobierno que se niega morir y prefiere seguir sacrificando a su noble pueblo.

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