Martes, 17 Julio 2018
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Denigra a los Hispanos

Denigra a los Hispanos Destacado

Trump quiere denigrar a hispanos con la eliminación de español, dice escritor chileno, Gustavo Gac –Artigas.

El presidente, Donald Trump, trata de denigrar a los hispanos con la eliminación de la versión en español de la página web de la Casa Blanca, dijo el escritor de origen chileno Gustavo Gac-Artigas, miembro colaborador de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE).
“Está intentando negar la importancia de la población hispana, es decir, ubicarnos en lo que ellos consideran que debe ser nuestro puesto en la escala de injusticia social en los Estados Unidos”, subrayó Gac-Artigas, nacido en Santiago de Chile y que reside en el estado de Nueva Jersey desde 1995.
En ese sentido, el escritor citó los comentarios que Trump ha hecho sobre los trabajadores hispanos de su organización que, según dijo el magnate en octubre en una entrevista, son “muy felices”, aman su trabajo y se levantan por la mañana diciendo: “No podemos esperar para ir a trabajar”, aseguró.
“Lo ha dicho más de una vez, son buenos trabajadores hispanos, pero ¿qué trabajos hacen? Limpian. Pero sus hijos quieren estudiar, quien llegar mucho más allá”, argumentó Gac-Artigas.
El escritor puso así en contexto social, económico y político la decisión que tomó Trump de cerrar la web en español de la Casa Blanca y las cuentas en español que el Gobierno tenía.

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  • Drama de niños

         Solos ante la corte, el drama de muchos niños migrantes bajo las políticas de Donald Trump.

         Algunos tienen menos de cinco años y dicen su nombre con dificultad, pero eso no exime a los niños separados de sus padres en la frontera con México de comparecer ante un juez de inmigración, en muchos casos sin ni siquiera un abogado. La dura imagen de estos niños inmigrantes solos ante el juez es una escena cada vez más frecuente en las cortes de inmigración de todo Estados Unidos.

         “Son niños tan pequeños que cuando les preguntas ¿Cómo se llama tu papa? Ellos responden: ‘papá’. y ¿tu mama?: ‘mamá’”, dice Yliana Johansen-Méndez, abogada del Immigrant Defenders Law Center con base en Los Ángeles.

    La presencia de menores solos frente a una corte de inmigración no es algo nuevo, pero sí lo es que los convocados a las audiencias sean niños de tan corta edad como uno, dos o tres años.

         Desde abril pasado, como parte de la política de “tolerancia cero” con la inmigración ilegal que sigue la Administración de Donald Trump, los niños son separados de sus padres nada más cruzar la frontera con México.

    En medio de una ola de indignación popular por esas separaciones, un juez de California ha ordenado al Gobierno que entregue a los cerca de 3.000 niños separados a sus padres y ha fijado plazos para ello. “Sin sus padres, sin un familiar a su lado, sin un abogado, estos niños están realmente solos”, considera la abogada, quien ha representado a varios de estos menores en la corte. Para que no comparezcan completamente solos, abogados como Johansen-Méndez se presentan junto al menor como “amigo de la corte” y en su nombre solicitan al juez más tiempo antes de que decida sobre su deportación, con el argumento de que el niño está en proceso de ser reunificado con sus padres o entregado a un tutor legal en los Estados Unidos.

         Esos abogados están entre las pocas personas que son testigos de las audiencias, dado que estos casos son vistos a puerta cerrada y solo frente a un seleccionado grupo de personas. Johansen-Méndez relata que los niños inmigrantes más pequeños son llevados a la corte en grupos de aproximadamente 10 a 15. “Sinceramente creo que muchos de ellos ni siquiera entienden que están en una corte de inmigración, la corte es un lugar frío, donde solo están el juez, el abogado del gobierno y los intérpretes,” señala la abogada.

    No se ha hecho adaptación alguna de las instalaciones para niños de tan corta edad, no hay juguetes para distraerlos, no pueden llevar comida y solo se pueden ver “bancas llenas de niños”.

         Sin embargo, algunos comienzan a jugar, a brincar, porque no pueden estar quietos, mientras otros solo quieren ver a sus padres, quieren estar con ellos nuevamente.

         Ante la falta de imágenes públicas de esas comparecencias, la cineasta Linda Freeman se decidió a realizar el vídeo “Solo en América”, que ha tenido un gran impacto en las redes sociales. El vídeo muestra a dos pequeños, un niño y una niña, sentados frente a un juez de inmigración. Sus pies ni siquiera tocan el piso y en sus caras se puede ver temor y confusión. Con la ayuda de unos audífonos escuchan al juez, que les pregunta si tienen un abogado o si saben qué es un abogado. A lo que los niños responden “no” o “no sé”.

         Johansen-Méndez indica que una vez que los menores salen de los albergues y son entregados a sus padres, familiar o tutor legal en los Estados Unidos les corresponde a ellos el contratar un abogado para que los represente ante una corte de inmigración.

         “Algunos padres no lo hacen porque no tiene dinero para hacerlo, por lo que temo que muchos de estos menores podrían regresar nuevamente solos a una corte de inmigración. Algunas veces sus padres o familiares no vienen con ellos porque tampoco cuentan con un estatus legal y temen pisar una corte de inmigración”, agrega.

         Tanto es así, que en los últimos tiempos se están viendo casos de padres que fueron separados en la frontera de sus hijos que optan por firmar su deportación para que les regresen más pronto a sus hijos.

  • Instalaciones Militares

    Pentágono analiza a acoger inmigrante indocumentados.

    El Pentágono no rechaza habilitar nuevas bases militares para dar cobijo a inmigrantes indocumentados, tal y como le ha solicitado el Gobierno, aunque hoy aseguró que por el momento no ha comenzado la operación de acogida anunciada la semana pasada.

    “Estamos evaluando otras instalaciones adicionales para poder distribuir a las personas acogidas y manejar mejor la población que presente en las bases”, declaró hoy el coronel Robert Manning, portavoz del Departamento de Defensa, en un encuentro con periodistas en la sede del Departamento de Defensa.

    Estas declaraciones se producen una semana después de que el Pentágono confirmara que, a petición del Departamento de Seguridad Nacional, estaba acondicionando el cuartel de Fort Bliss y la base de la Fuerza Aérea de Goodfellow, ambas en Texas, para albergar a un total de 32.000 inmigrantes. Según detalló Manning, por el momento estas instalaciones no han recibido a estos inmigrantes que, según dijo, se distribuirán entre 12.000 niños sin acompañantes en la base aérea y 20.000 familiares en el cuartel. Ambas instalaciones, explicó el militar, al estar en el estado de Texas facilitarán el trabajo del personal del DHS y del Departamento de Salud y Servicios Sociales, que serán los encargados de gestionar la operación.

    Manning descartó que, tal y como han indicado algunos medios en los últimos días, se estén construyendo campamentos de tiendas para aumentar la capacidad de las infraestructuras, aunque recalcó que, tal y como reiteró el secretario de Defensa, James Mattis, el Pentágono “hará todo lo que pueda por asistir al Gobierno”.

  • Política Cruel

    La “sinrazón” de la separación familiar desde el barrio Latino de Washington.

    No hay razón alguna que justifique separar a una mamá de su hijo”, dice Katherine Fuentes, de 14 años, desde un bar de Washington donde su madre, de origen hondureño, trabaja 12 horas diarias. “Como mis padres, solo (los inmigrantes) vienen aquí en busca de un futuro mejor para sus niños”, asegura, plenamente consciente, pese a su corta edad, de lo que está pasando en la frontera sur del país.

    A unos minutos de Mount Pleasant, el barrio latino por excelencia de la capital, el presidente Donald Trump ejecuta desde la Casa Blanca su política de “tolerancia cero” con la inmigración, con la que ya ha provocado la separación de más de 2.500 niños de los brazos de sus padres en apenas dos meses.

    Aunque el multimillonario firmó una orden ejecutiva para frenar las separaciones, la gran mayoría de esos menores siguen lejos de sus padres, internados en centros de acogida a lo largo de la frontera.

    Fuentes tiene “la suerte” de haber nacido en Estados Unidos, sus padres se conocieron en Washington después de huir de El Salvador y Honduras, dos de los países con las cifras más altas de emigrantes hacia suelo estadounidense, y aunque no teme por los suyos, sufre por lo que escucha en las noticias. La adolescente recuerda el caso mediático de Beata Mariana de Jesús Mejía-Mejía, de nacionalidad guatemalteca, quien llegó al país en mayo en busca de asilo junto a su pequeño, pero ambos fueron separados por las autoridades.

    Ante la situación, De Jesús decidió demandar la semana pasada a la Administración Trump para volver a ver a su hijo, y lo logró, por orden de un juez federal.

    “Es triste que una mujer tenga que demandar a (al Gobierno de) Trump solo para poder volver a su hijo, para poder abrazarlo”, reflexiona la joven. “Eso no debería pasar jamás”. La madre de Katherine, Silvia Hernández, llegó hace más de 15 años a Washington, ha logrado regularizar su situación y ve con “mucha tristeza” lo que sus compatriotas y otros ciudadanos centroamericanos están viviendo en la frontera. Pero sobre todo, lo siente por los niños. “Sus vidas no serán iguales. Un niño no puede crecer igual si está lejos de su madre”, opina, mientras atiende a los clientes.

    “Y todo es porque (Trump) quiere echarnos de aquí, devolvernos a nuestros países, donde hay tanta criminalidad y no hay trabajo. Hay razones para que la gente ponga en riesgo su vida para llegar a este país, incluso a sus niños”, argumenta. Hernández entiende la intención del presidente de impedir la entrada y deportar a los inmigrantes que hayan cometido delitos, pero, insiste: “No todos somos así”.

    “Aquí también hay criminales, criminales que han nacido en este país y a los que no puede echar, la mayoría de nosotros solo queremos poder trabajar y tener una vida digna”, agrega. No obstante, en estos casi dos años de Gobierno del magnate, Hernández no siente que haya incrementado el odio hacia los latinos pese a la retórica y las medidas incendiarias que llegan desde la Casa Blanca.

    “Yo no he notado que las cosas estén peor para nosotros. Pero sí para los que tratan de llegar. El señor (Barack Obama) no decía todas esas cosas sobre nosotros que ahora Trump dice. Pero ese rechazo hacia los inmigrantes ya existía antes, estaba ahí”, coincide María, que ya es abuela, y prefiere no dar su apellido. Ella llegó hace más de 25 años desde El Salvador, y el mensaje que manda para todas esas madres que intentan huir de su país es que no vengan a Estados Unidos.

    “Yo les diría que no ven- gan. Que traten de arreglar sus cosas allá. Uno puede no tener dinero, y tener miedo a la vio- lencia -asegura-. Pero no hay nada peor para una madre que la separen de su hijo”.

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