Sábado, 25 Noviembre 2017
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Jueves, 28 Septiembre 2017 15:34

La Demencia y el Azheimer

La demencia es un síndrome crónico-progresivo, causado por el deterioro de la capacidad para procesar el pensamiento, más allá de lo que se considera una consecuencia del envejecimiento normal. Afecta la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje, el juicio y en ocasiones es precedido por el deterioro del control emocional, la motivación y el comportamiento social.

La enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia: se calcula que representa entre un 60% y un 70% de los casos. Otras formas frecuentes son la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy, etc. Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS) La demencia afecta a nivel mundial a unos 47 millones de personas, de las cuales alrededor del 60% viven en países de ingresos bajos y medios. Cada año se registran cerca de 10 millones de nuevos casos. Se calcula que entre un 5% y un 8% de la población general de 60 años o más sufre demencia en un determinado momento.

Los signos y síntomas de la demencia se inician con: tendencia al olvido, pérdida de la noción del tiempo, desubicación espacial, incluso en lugares conocidos. Cuando ésta evoluciona las manifestaciones se hacen cada vez más evidentes; las personas empiezan a desubicarse en casa, casi ya no se comunican, hacen preguntas repetitivas, olvidan rutinas diarias que incluye el aseo personal, acontecimientos recientes, etc. Finalmente, en estado avanzado de la enfermedad, la dependencia y la inactividad son casi totales. Las alteraciones de la memoria son graves, hay desubicación en tiempo, espacio, y persona, dificultad para reconocer a familiares y amigos, problemas para movilizarse, alteraciones del comportamiento.

No hay tratamiento que pueda curar la demencia o revertir su evolución progresiva. Sin embargo existen numerosas intervenciones que se pueden ofrecer, para apoyar y mejorar la calidad vida de las personas con demencia, sus cuidadores y familias. Por ejemplo: tratar de mantener al paciente con una buena salud, identificar las conductas que están causando problemas en la interacción e intervenir inmediatamente; así como también educar e informar a los cuidadores de su rol a mediano y largo plazo, dándole guías para evitar el desgaste de las partes.                                                                                                                                                            Aunque la edad es el principal factor de riesgo de demencia, algunas investigaciones han revelado que hay una estrecha relación entre la aparición de deterioro cognitivo relacionados con el estilo de vida: la inactividad física, la obesidad, las dietas desequilibradas, el consumo de tabaco y alcohol, la diabetes, la hipertensión y la depresión. Todos estos factores, sumados a una falta de información y en algunos casos a la negación, pueden ser de consecuencias muy graves para el paciente y sus familiares.

Actuemos en forma temprana, cambiando los factores que podemos modificar para prevenir el deterioro de nuestro cerebro, así estaremos asegurándonos una vejez sana y llena de alegría, rodeados del cariño de familiares y amigos. Recuerde, la prevención es la base de una buena salud: manténgase informado.

Publicado en Salud

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