Viernes, 18 Enero 2019
BREAKING NEWS
Jueves, 17 Enero 2019 09:21

Cuando el mal amenaza ahogarnos

Estas palabras parecen dichas por cualquier persona de nuestro tiempo moderno, que ha pasado por algún ingente peligro. Podrían ser dichas por ejemplo por alguien que fue retenido como rehén, de alguna banda de terroristas, y durante horas sufrió el horror de la incertidumbre de su destino. Podrían ser dichas también por algún civil inocente, que se ve encerrado en un refugio estrecho mientras afuera caen las bombas lanzadas por enemigos, o por alguien que ha pasado por una enfermedad casi mortal, y batalló durante horas entre la vida y la muerte, agarrado apenas a la última esperanza.

Estas palabras son el testimonio de alguien que pasó por un gran peligro, y que después de perder toda esperanza de salvarse, halló un rayo de luz que vino a sacarlo de su angustia. Estas palabras fueron escritas por David, el rey poeta como testimonio de la salvación que Dios obró en su vida, cuando lo libró de todos esos crueles e implacables enemigos. Las palabras que siguen inmediatamente, nos dan la solución, y nos sirven de inspiración a nosotros también, si estamos pasando por problemas parecidos.

El rey David, que pasó en su vida por toda clase de males, tribulaciones y peligros, conocía el poder de la oración. Era un hombre como todos, lleno de pasiones en su pecho, y con algunos defectos grandes. Algunas veces actuó injustamente, pero en el fondo de su alma amaba entrañablemente a Dios y sabía dirigir humildemente sus súplicas a El. Por eso Dios contestaba sus súplicas, y lo ayuda, de tal manera que David puede todavía escribir: “Me asaltaron en el día de mi quebranto, mas Jehová fue mi apoyo. Me libró, porque se agradó de mí.”

Quizás, amable amigo, usted está rodeado hoy de enemigos. No necesitan ser enemigos armados de metralletas, o personas que se dicen sus amigos pero a sus espaldas lo traicionan. Pueden ser aún parientes de la misma sangre, o personas muy allegadas, pero que no lo quieren bien. ¿Cómo puede defenderse usted de esos enemigos ocultos y solapados? Usted tiene el recurso de la oración. Usted puede orar al Señor Jesucristo que está en los cielos y oye toda súplica. Usted puede invocar a Aquel que es todo Justicia. Entréguele su corazón, reconozca su necesidad espiritual, reconcíliese con El por virtud de la Sangre de Su cruz. ¡Usted tendrá un amigo al cual acudir siempre por ayuda!

ORACION: Tú eres mi apoyo, mi fuerza y mi esperanza. Te amo Señor. Aunque, enemigos me rodeen, Tú me librarás. Gracias Señor...

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Miércoles, 09 Enero 2019 15:33

Despertar a la semejanza de Dios

Era en las calles del centro de Los Angeles, California. Una ciudad donde se mezclan gentes de varios idiomas, pueblos y razas. Hombres del oriente, chinos, coreanos y vietnameses; hombres de América Latina, mexicanos y centroamericanos en abundancia; hombres de las razas indígenas de Norteamérica y hombres de Europa. Un hombrecillo pedía limosna en una esquina. Estaba mal vestido y se veía flaco y demacrado. Con voz plañidera decía: “Necesito diez centavos, señor, para tomar el ómnibus.” ¡Dios lo bendiga! Por favor, diez centavos para el ómnibus.Y para subrayar su súplica, se levantaba la manga del saco y mostraba una serie de pústulas, último estado de la sífilis que lo afectaba. “¡Miredecía estoy podrido! ¿No lo ve? ¡Estoy podrido!”

Lo miré y me puse a pensar. ¿Es esta la verdadera imagen de Dios? La Biblia dice que el hombre fue hecho a la imagen y semejanza de Dios. ¿Puede éste pobre hombre, lleno de llagas, ser imagen de Dios? ¿Puede parecerse Dios a un hombre hundido en la roña y miseria, arrastrando un cuerpo arruinado, y mostrando en la piel las marcas del pecado sexual? Todo lo que la Biblia dice, es verdad. El hombre fue creado sano, bello, puro y perfecto, pero fue creado libre, con perfecta libertad moral para obedecer libremente a Dios, y también para desobedecer libremente a Dios. Si el hombre hubiere conservado la inocencia, obediencia y simplicidad con que fue creado, nunca se hubiera degenerado; pero el hombre usó, mejor dicho, abusó de su libertad, y dando la espalda a Dios, se entregó al diablo, el enemigo y destructor.

Y es por eso, amigo mío, que existe tanto mal en el mundo, pero para una humanidad caída en pecado, hay esperanza. Dios promete restaurar en el hombre la imagen perdida. No sólo la imagen que debió tener Adán antes de pecar, sino aún otra más bella. Dios promete restaurar en el hombre la imagen de Jesucristo, con toda su belleza, con toda su bondad, con toda su gloria. En el Salmo 17  se anticipa esta esperanza. Dice así: “En cuanto a mí, veré tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza”. Estas palabras fueron dichas por un hombre que vivió siglos antes de Jesucristo; y vió con fe el momento cuando Dios enviaría al Salvador Jesucristo.

El apóstol Pablo, un hombre que vivió después de Jesucristo, afirma su fe diciendo: “Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial”. ESTA IMAGEN DE CRISTO, ES PARA USTED, MI AMIGO.
 
ORACION: Yo quiero esa imagen Señor. Tu imagen y semejanza. Me quiero parecer cada día más a Tu Hijo Jesucristo...

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Jueves, 27 Diciembre 2018 09:14

Tu estarás conmigo

El hombre es un ser gregario, es decir, fue hecho para vivir en sociedad. Aunque la soledad en ocasiones es necesaria, sin embargo, estar en soledad no es el estado normal. Esto es especialmente cierto en tiempos de peligro, porque en la vida nos necesitamos y nos auxiliamos unos a otros. ¡Cuán grato es estar con nuestros familiares, con nuestros amigos, con nuestros compañeros de trabajo! En muchísimas situaciones, la separación de nuestros seres queridos nos acarrea tristeza y sufrimiento. Pero, es indudable, que hay una compañía que sí nos debe ser indispensable, y esa es la compañía de Dios. Claro, hay varios sentidos en los que la compañía de Dios nos es inseparable, por la razón de que El es el Ser supremo está en todas partes, y nada podría ser ni sostenerse aparte de Dios. Pero es una inmensa bendición cuando uno puede decir en forma muy personal: “Tú estarás conmigo”. Esta es una relación de fe, de piadosa dependencia.

El afamado cantor de Israel, de nombre David, escribió tales palabras: “Tú estarás conmigo”. Esta fue la razón de que él viviera sin temor. El podía sufrir algunos reveses, pero su fe en Dios le haría emerger triunfante. Dios se hace accesible al hombre en la Persona de su santo Hijo Jesucristo.

Razón tuvo Jesús para decir: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Fue también el Señor Jesús quien en otra ocasión expresó: “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, En un mundo en el que hay tanta desilusión, en el que es arriesgado poner nuestra confianza en el hombre; en un mundo en el que aun encontrándonos solos y desconectados de realidades tangibles, es en extremo consoladora la verdad de que hay Uno que sí está a nuestro lado, que se acerca a nosotros en actitud de Amigo, y que tiene todo poder para hacernos bien. Cuando por la fe establecemos una relación así con Jesucristo, ya no nos invade la desesperación ni nos aterra el temor.
 
ORACION: Gracias Señor porque has llenado mis soledades. Ya no camino solo. Tú estás conmigo...

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Jueves, 20 Diciembre 2018 09:01

El Hijo dado

Jamás vi las estrellas brillar como esta noche, ni tantas noches bellas como esta noche ví”escribió un poeta al contar acerca de una noche de navidad. Aquella, en verdad, fue la reina de las noches. Esa noche no aullaron los lobos, no merodearon las hienas, ni rugieron los tigres.

Esa noche no salieron a robar los ladrones, ni los adúlteros se acostaron en lechos impúdicos. Esa noche no se levantó el puñal asesino, ni la mano homicida apretó la garganta. Era la reina de las noches. La noche más sublime habida en la historia del mundo.

Me refiero, amigo, a la noche de la primera navidad. Aquella noche en que nació el Redentor del mundo, y un coro de ángeles bajó con una serenata. “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad, para con los hombres!” Esa noche en que entre pajas y tablas, nacía Aquel que era Dios mismo, maravillosamente presentado al mundo en la personalidad de un infante nacido de mujer.

El profeta Isaías anunció ocho siglos antes el nacimiento del Salvador.Y dijo: “Un niño nos es nacido, un hijo nos es dado y le agrega esos títulos de gloria: “Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz...”

Admirable porque no hubo ni habrá un hombre más admirable en su excelencia moral que El. Consejero porque trajo al mundo la más sublime enseñanza espiritual. Padre eterno porque es Dios y Hombre. Dios fuerte porque es Todopoderoso contra cualquier fuerza del diablo. Príncipe de paz porque vino a hacer la paz entre Dios y los hombres; entre padres e hijos, entre siervos y amos, entre blancos y negros, entre marido y mujer, entre hermano y hermano.

Ese es Jesucristo, amigo mío, del cual predico. Nació una noche en un pesebre de Belén. Otra noche lúgubre fue traicionado con un beso.

Otra noche tenebrosa fue sepultado en una roca. Y una mañana, una mañana, sí, de gloria sin par, resucitó triunfante para constituirse en el Eterno, Glorioso, y Viviente Salvador.
 
ORACION: No hubo, ni hay, ni habrá otro como Tú, Señor. Eres el Todo de la vida. Jesucristo: eres maravilloso...

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Jueves, 13 Diciembre 2018 09:15

Los hasta cuando del dolor

Hoy quiero hablarles del tiempo. Pero, no del tiempo que hace afuera, o de como ha amanecido hoy. No voy a hablar de la lluvia, o de si hay demasiado sol. Eso lo dejo para los informativos metereológicos o para las buenas comadres que se reunen para hablar... del tiempo precisamente. No, mi amigo, hoy quiero hablar acerca del tiempo que pasa. Especialmente del tiempo que pasa dejando una huella de dolor en corazones sufrientes. Del tiempo que transcurre en pena, tristeza, y frustración. El tiempo que se prolonga sin esperanza y que va clavando espinas en llagas abiertas del alma. Ese tiempo de días siempre nublados y noches pavorosas que hacen exclamar al corazón lleno de congoja, "¿Hasta cuándo, Señor? ¡Hasta cuándo!”.

Precisamente éste salmo comienza con éste clamor de un alma cansada de esperar un alivio que no llega, una aurora que no despunta en la noche del alma, y dice: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre?” Este salmo se adapta perfectamente a aquellos sufrientes, mujeres y hombres que están soportando, ya por largo tiempo, una situación dolorosa, y no hallan alivio o no ven una pronta mejoría de sus males. Pueden ser personas enfermas, que llevan ya semanas y meses en cama, y no ven el día en que puedan levantarse. Pueden ser madres que esperan inútilmente el regreso del hijo o de la hija ingratos, esposas abandonadas por el marido y padre de sus hijos, sumidas en el dolor de la espera.

El salmista estaba pasando por una época de esas. Sus enemigos lo acosan. Sus amigos, le fallan. La fe se le debilita. La esperanza se le esfuma. Entonces da un grito de angustia. ¡HASTA CUANDO, SENOR! Y después de clamar así, viene la reflexión, y en buscar en la oración un alivio. En el versículo tres dice: "Mira, respóndeme, oh Jehová Dios mío; alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte”. Cuando se clama a Dios, mi amigo, mi amiga, desde el fondo del pozo, siempre viene una luz desde arriba. Y yo le exhorto a usted, a clamar a Cristo. El está cerca suyo, el tiene buena voluntad para usted, El es todopoderoso, El le ama hasta el punto de haber dado Su sangre por usted. El quiere sacarle de ese pozo de dolor y darle vida abundante. El quiere hacer que su tiempo vuelva a ser un tiempo feliz.

Si usted ora con fe a Cristo, el Señor viviente, podrá repetir las palabras finales del salmista: “Cantaré a Jehová, porque me ha hecho bien”.
 
ORACION: Gracias Señor. Sé que aun cuando no entienda muchas cosas y pase por tribulaciones, a mí también Tu misericordia me hará bien. Yo también confío en Tu misericordia. Sé que Tú me harás bien...

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Jueves, 06 Diciembre 2018 09:22

El mundo de las palabras

Vivimos en un mundo lleno de palabras. Cada año salen de las prensas millones de libros, todos ellos llenos de palabras. Cada día salen al aire miles y miles de programas de radio y televisión, todos ellos con enorme acopio de palabras. Cada día en el mercado, en las fábricas, en las oficinas, en las escuelas, en las casas, la humanidad hace uso del don de la palabra. En cientos de idiomas, por todo el mundo, a cada minuto y segundo del día, palabras, y más palabras. Podríamos decir que la historia de la civilización puede trazarse en cuatro grandes etapas. Primero, cuando el hombre aprendió a usar el lenguaje para entenderse con sus semejantes. Segundo, cuando inventó la escritura, el lenguaje escrito. Tercero, cuando inventó la imprenta, la facilidad de imprimir libros, y cuarto, cuando inventó los medios de trasmitir la palabra a la distancia, por medio del telégrafo, el teléfono, la radio y la televisión. Sin las palabras que traducen ideas y conceptos, no existiría un mundo civilizado.

El salmista bíblico está preocupado con las palabras también. Pero con las palabras que se dicen sin sabiduría, y que se lanzan al aire cargadas de altanería, del hombre rebelde contra Dios.  En este salmo dice así: “Jehová destruirá todos los labios lisonjeros, y la lengua que habla jactanciosamente”  Estas palabras del salmista podrían aplicarse, por ejemplo, a los filósofos materialistas y ateos, que con palabras desaprensivas hablan contra la Biblia cuando ni siquiera la han leído con detención.

Podrían aplicarse a cada hombre y cada mujer, que llena su boca emitiendo conceptos contra Dios, porque la vida los trata mal y no hallan el camino recto. Podrían aplicarse también a los que son rápidos en ofender y calumniar y lentos en pedir perdón. A todos los que, sea de labios o pensamientos o actitudes, están prácticamente diciendo “nuestros labios son nuestros, ¿quién es señor de nosotros?” El hombre puede ser dueño de sus labios, pero no del efecto que causan sus palabras en el prójimo, y Dios ha de pedir cuentas en el día del juicio, de cada palabra vana que pronunciaron nuestros labios.

Lo que necesitamos, amigo mío, es poner nuestros labios en sujeción a Dios. Es poner nuestro corazón, nuestra mente, nuestra alma toda en sujeción a Cristo, autor y consumador de la salvación, y el único que puede librarnos del error y la condenación.

ORACION. Hoy quiero Señor, que toda palabra que salga de mi boca sea para bendecir, para consolar, para iluminar, para fortalecer. Señor, quiero usar mis labios únicamente para gloria de Tu Nombre...

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Jueves, 29 Noviembre 2018 09:20

Los Fundamentos de la vida

Cada vez que se desea construir una casa, lo primero que se busca es un fundamento sólido. Si el terreno es arenoso o suelto, si hay grietas o puntos débiles, el fundamento puede ser inútil. Cuanto más grande es el edificio a construirse, más fuerte y firme tiene que ser el cimiento. De otro modo, la ruina amenazará a la construcción. Así le está ocurriendo a la famosa torre de Pisa, en Italia, cuyos fundamentos han comenzado a ceder por las filtraciones de agua. En Los Angeles, California, los temblores son continuos, se ha puesto un anuncio en más de 3.000 edificios avisando que es peligroso vivir en ellos, porque si viene un temblor fuerte, los cimientos no resistirán el golpe.

El salmista David estaba preocupado también por los fundamentos, pero no de su casa precisamente, sino por aquellos fundamentos que hacen la vida del individuo, la familia y la sociedad, sólida, estable y digna de ser vivida.

Este salmo dice: “Si fueren destruídos los fundamentos, ¿qué ha de hacer e1 justo?” Ahora bien, ¿a qué fundamentos podría referirse David? Seguramente se refería a Dios, fundamento de toda existencia, autor y sostenedor del universo, Padre y protector del hombre. ¿Qué pasaría en el cosmos si Dios desapareciera de él? Solamente el caos primitivo, que terminará con toda forma de vida y belleza. Seguramente se refería a la Palabra de Dios, las Santas Escrituras, fundamento de la verdadera relación con  Dios. ¿Qué sería de la humanidad si Dios no hubiera hablado, y Sus palabras no se hubieran registrado en el Volumen Santo? Sin Biblia el hombre andaría aún en las tinieblas morales y espirituales.

Seguramente se refería también a las profecías del Pueblo de Israel, profecías que él conocía y estudiaba. Esas profecías son el fundamento de la esperanza. ¿Cómo podríamos vivir sin la esperanza de un Reino de los cielos? La situación del mundo actual nos llenaría de horror, si la Biblia no profetizara un Reino perfecto de paz y justicia. Y el fundamento es Jesucristo mismo, único fundamento de nuestra salvación.

¿Qué sería de nosotros, pobres pecadores, si Cristo no hubiera bajado al mundo, si no hubiera muerto crucificado, si no hubiera resucitado triunfante y si no hubiera ascendido de nuevo al cielo para ser nuestro Abogado é Intercesor? Gracias a Dios por todos estos fundamentos, sobre los cuales podemos edificar nuestra vida y salvación eterna.
 
ORACION. Oh, Dios, gracias por lo que Tú eres para mi vida; mi fundamento firme y permanente. Señor ayúdame a edificar mi vida y mi familia sobre los fundamentos sólidos que nos has legado...

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Jueves, 15 Noviembre 2018 09:32

La altivez del ser humano

Son sólo cinco palabras, pero ellas llenaron las ilusiones de miles de hombres inteligentes  de Europa, y despertaron rosadas esperanzas para la humanidad. Son las palabras claves del Iluminismo, ese gran movimiento intellectual  y filosófico del Renacimiento: razón, naturaleza, felicidad, progreso y libertad. Ellos creyeron que la sola razón del hombre, investigando la naturaleza, descubriría todas las cosas necesarias para asegurar la felicidad, el progreso y la libertad del ser humano. Llevados de su orgullo, aquellos  pensadores, discípulos de Voltaire, se desentendieron de Dios, y le dijeron: “Déjanos solos. Tú ya no tienes nada que hacer en la tierra. Nosotros  vamos a arreglar  todas las cosas”.

El resultado de esta actitud ha sido, la desesperación, el caos, la violencia y la ruina moral. La sola razón del hombre, desligada de Dios, no ha servido nara nada como no sea para hundir a la humanidad  en la incredulidad.

El Salmo 10 estudia los problemas de la mente y del corazón humano y dice: “El malo, por la altivez de su rostro, no busca a Dios; no hay Dios en ninguno de sus pensamientos”. No quiero decir que Voltaire, Condorcet, Russeau, eran hombres malos. Posiblemente eran bien intencionados  y deseaban  lo mejor. Su error consistió  en la altivez de su rostro, y embriagados de su saber, se dejaron arrastrar por su inteligencia. Vivieron en una época cuando  la iglesia y la religión estaban  corrompidas, es cierto, y eso contribuyó a su escepticismo,  pero también es cierto que la altivez del individuo humano lo conduce, si no se humilla, a desentenderse   de Dios.

Volvamos a mirar las palabras de este salmo, para llegar a “la altivez del rostro” no se necesita tampoco ser un filósofo. Cualquier hombre  de la calle, que se cree fuerte, y suficiente de sí mismo, se olvida de Dios, y lo echa de sus pensamientos. Nunca se acerca al templo para escuchar  la predicación,  ni lee la Biblia, en busca de luz y verdad.  Nunca se arrodilla para suplicar la bendición de Dios, y reconocer que es pecador y si le hablan de arrepentirse,  se burla o se enoja.

¿Cuál es el resultado final de esta actitud personal? Lo mismo   la desesperación,  el caos mental,  la violencia y la ruina personal. ¡Cómo necesitamos  arrepentirnos  de todo corazón, y decirle a Cristo, Señor, perdona mi orgullo, te necesito!
 
ORACION: Señor, Dios grande y altísimo, te ruego perdones mi orgullo y mi vanidad. Por favor, Señor, ayúdame a desechar toda altivez.  Enséñame a vivir una vida sencilla con mi prójimo, con todos los seres humanos, y contigo  Señor...

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Jueves, 08 Noviembre 2018 09:20

Dios juzga a las naciones

Quizás el problema más angustioso que afrontan las naciones del mundo hoy, es cómo poner paz y armonía entre todas ellas, nuestro mundo está en una situación de caos.  El mundo capitalista, el mundo comunista y el tercer mundo se debaten en la incertidumbre  y la confusión. ¿Quién tiene la fórmula conciliadora? ¿Dónde está el hombre, o dónde el sistema de gobierno, que ponga en armonía a esos tres mundos? Difícil es decirlo. Este siglo veinte ha sido testigo de dos guerras mundiales, del desplome de varios imperios, del surgimiento del más formidable sistema revolucionario, y del más fantástico progreso científico, que ha puesto hombres a caminar en la luna. Sin embargo, el espectáculo general del mundo es de injusticia, resentimiento, violencia e insatisfacción por doquier.

La Biblia trata el problema político del mundo desde muchos milenios atrás. En éste salmo leemos  éstas palabras: “Se hundieron las naciones en el hoyo que hicieron;  en la red que escondieron fue tomado su pié. Aquí el salmista nos dice que los problemas que sufren las naciones modernas son efecto de sus mismos  errores, de sus mismos  egoísmos  y codicias. Es que el hombre, amigo mío, no ha sabido usar el derecho que Dios le dió de gobernarse  a sí mismo.  En lugar de distribuir las riquezas  que produce el suelo en forma justa, algunos amontonaron riquezas, y otros quedaron  pobres  y hambrientos.

El hombre ha ensayado toda clase de gobiernos. Ninguno ha traído justicia. Ha inventado teorías,  filosofías  y religiones, sin lograr unir a los seres humanos  y solucionar sus problemas.  Hoy en día, a pesar de tanto progreso de la ciencia, de tanta educación, de tanto arte, de tanto poderío industrial y fuerza militar, a pesar de todo, en el mundo hay hambre, pobreza, enfermedad, ignorancia, injusticia y desesperación. ¿Qué es lo que tendrían que hacer todas las naciones del mundo? ¡Volverse a Dios! ¡Humillarse ante Cristo, pedirle Su ayuda! El Salmo 9 termina con éstas palabras: “Pon, oh Jehová, temor  en ellos; conozcan las naciones que no son sino hombres”.

Cuando el hombre reconoce que es sólo eso, un hombre necesitado de perdón y salvación, porque no es más que un pobre ser hundido en pecado, entonces puede buscar a Cristo, y de rodillas ante El, hallar la solución a sus hondos  y dramáticos   problemas.
 
ORACION. Señor ¡te amo! Tú que has traído paz  a mi vida, interviene en las naciones de la tierra.  Queremos ver Tu santidad en las naciones del mundo.  Oh Señor, queremos  tus hijos vivir de tal manera, como para que las naciones  se vuelvan  a Ti...

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Jueves, 01 Noviembre 2018 11:22

Los misterios de los cielos

Los astrónomos modernos están encandilados.  Cuando examinan la inmensidad del espacio con sus telescopios cada vez más potentes  se asombran  de dos cosas. Primero, de la maravillosa simpleza y armonía que encuentran en las leyes de los astros.  ¡Qué diferencia con éste planeta tierra y la humanidad que está sobre él! Aquí todo es confusión. Allá arriba a miles y millones de años luz de distancia, todo es canto, poesía, luz y leyes que funcionan con perfección matemática. Pero segundo, los astrónomos se quedan  pasmados ante ciertos misterios que no alcanzan aún a resolver. Los quasares y los pulsares, esos núcleos de energía algo más que estrellas, que emiten ondas de radio de extraordinaria potencia, y los agujeros  negros,  el más obsesionante  de los misterios de los cielos, les quitan el sueño. ¿Cuándo y cómo resolverán tantos misterios? se preguntan patéticos los astrónomos.

Tres mil años atrás había un hombre soñador y poeta que contemplaba también los cielos. Miraba la belleza y armonía de las constelaciones y se extasiaba con el cielo nocturno. Entonces  tomaba  el arpa pastoril,  e improvisaba un poema dirigido a Dios, y cantaba: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas  de él memoria,  y el hijo del hombre,  para que lo visites?”.  Este hombre  era David, pastor, salmista y rey, y estas  palabras  están en éste Salmo hermoso.

Dos cosas surgen nítidas aquí, de este poema.  Primero, la grandeza de Dios en la cual cree David. El reconoce que todo el universo tiene un Creador, y ese Creador es grande, majestuoso y digno de ser adorado. Segundo, la pequeñez y humildad del hombre. El hombre es una plantita  débil que apenas crece un milímetro sobre la tierra. No puede resistir  el golpe del rayo,  ni el embate  de la tempestad, ni el fragor del terremoto, y cualquier enfermedad lo mata. Sin embargo, esa creación dilecta de Dios, tiene alguna grandeza. Refiriéndose al hombre dice David: “Le has hecho poco menor que los ángeles. Y lo coronaste de gloria y de honra”. Y comparando la grandeza de los cielos, y la gloria dada al hombre, termina el poema diciendo: “¡Oh Jehová, Señor nuestro, cuán grande  es tu nombre  en toda la tierra!”.

Dios es grande, amigo mío, y a pesar de ello se hizo HOMBRE en la persona de Cristo. Y como Hombre, se dejó crucificar en lugar de los pecadores, para ofrecer a todos  la grandeza de la vida eterna  y la gloria del cielo.

ORACION. Señor, me asombra Tu grandeza. Eres maravilloso. ¡Cuán grande es Tu Nombre en toda la tierra! Me asombra que te ocuparás de nosotros,  los seres humanos.  Siendo tan grande, tomaste cuidado de cada uno de nosotros. ¡Gloria a Tu Nombre, Señor!...

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