Martes, 19 Septiembre 2017
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La escena del gran juicio

La escena del gran juicio Destacado

La escena es en una sala de juicio, frente a un majestuoso tribunal. Resuena la voz del juez, sonora y profunda y su venerable cabeza blanca, inclina hacia el auditorio: “Oíd, cielos, y escucha tú, tierra, porque habla el Señor”. Y al resonar esta voz, todo el universo detiene su aliento y dispone a escuchar. No se trata de un juicio cualquiera ni son acusados comunes. Es Dios el que habla, y es el pueblo de Israel el que está ante tribunal, y es el profeta Isaías el que describe la escena. Israel ha pecado, ha desobedecido las leyes de Dios. Ha sido rebelde, incrédulo, idólatra y concupiscente. El profeta, cual fiscal acusador, continúa diciendo: “Crié hijos. y los engrandecí, y ellos se rebelaron contra mí.

El primer pecado del hombre fue rebelarse contra la santa voluntad Dios, para seguir las insinuaciones de Satanás. A partir de eso, todos los hombres han hecho lo mismo. Igual que usted, lo mismo que yo. El profeta describe la consecuencia de haber pecado: “Toda cabeza está enferma y todo corazón doliente. Desde la planta del pie, hasta la cabeza, no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas ni vendadas, ni suavizadas con aceite”.

Todo el mal que existe en el mundo, está contenido en esta descripción patética que hace el profeta de la enfermedad de una nación. Todo hombre nacido de Adán, está enfermo en su cuerpo, en su alma y en su espíritu porque el pecado es una enfermedad trasmisible y contagiosa.

El profeta denuncia la maldad del pueblo. Rechaza en nombre de Dios los falsos arrepentimientos y la multitud de fiestas y ceremonias religiosas “Hastiado estoy de holocaustos”, les dice. “Vuestras fiestas solemnes, son abominación. La religión se ha convertido en hipocresía y el arrepentimiento no es más que pasajero escrúpulo de conciencia. Entonces el profeta invita al pueblo a reconciliarse con Dios: “Venid luego, dice el Señor y estemos a cuenta; si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos, si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”. Sólo la sangre de Jesucristo, vertida en el Calvario puede limpiar nuestra alma y conciencia de toda maldad y todo pecado.

ORACION: Señor, líbrame de la religiosidad externa. Entiendo que estás cansado de la religión superficial y deseas una relación personal con Tu pueblo. Señor, gracias porque en Cristo y por la virtud de Su Sangre puedo desarrollar compañerismo contigo; gracias Señor...

Visto 111 veces Modificado por última vez en Jueves, 17 Agosto 2017 14:48
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