Viernes, 15 Diciembre 2017
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Labios inmundos

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Mi amable amigo le deseo hoy una de las más preciosas virtudes de la vida: el tener una boca que siempre tenga motivos de alabar a Dios. ¿Por qué me desea esto? preguntará usted-. Porque sigo leyendo el libro del profeta Isaías, y encuentro en él las palabras luminares que nos inspiran buscar siempre la vida mejor. Ayer hablaba acerca de la visión de un Dios tres veces Santo, que era única esperanza del profeta en medio de una nación totalmente entregada al mal hacer. Hoy quiero seguir comentando sobre este pasaje del profeta Isaías y que leímos al principio. La casa que había visto Isaías era la casa de Dios, el templo de Jerusalén. Y el humo que la había llenado, la gloria de Dios. Y ante esa visión magnífica este hombre de alma recta y corazón íntegro, se dió cuenta de una cosa: sus labios eran inmundos, y vivía en medio de pueblo con labios igualmente inmundos. Inmundo aquí, no significa necesariamente sucio. Mas bien encierra el significado de profano. Los labios del pueblo se abrían mayormente para hablar profanidades, No había oraciones clamantes por justicia; no había conocimiento del pecado general, ni pedidos de perdón. Desde que se levantaban hasta que se acostaban, las conversaciones de gente eran solo profanas: palabras vanas e intranscendentes; chismes de comadres; comentarios falaces sobre la política, el comercio, la religión; secreteos de políticos y palabrerío engañador de mercaderes. Aquel pueblo se había olvidado de su Dios, y ninguna alabanza al Altísimo pronunciaba ya. Isaías dice: “Soy hombre inmundo de labios, y habito en medio de pueblo que tiene labios inmundos”. Y podemos preguntarnos mi amigo. ¿No pasa hoy la misma cosa? Hagamos una prueba personal. ¿De qué hablo yo el día entero? ¿Cuáles palabras son las que salen de mis labios, desde que me levanto hasta que me acuesto? ¿Digo cosas sensatas, rectas, verídicas, bondadosas? ¿0 me ocupo solamente de chismes, cuentos soeces, mentiras. dichos vanos, charla insustancial?

Alabar a Dios con labios limpios, con palabras rectas que brotan de un corazón puro, es la gran bendición que Cristo quiere darnos hoy mismo.

ORACION. Hoy, Padre Celestial, me propongo usar mis labios sólo para alabar Tu Nombre y bendecir a mi prójimo. Dame sensitividad para evitar todo comentario que manche mis labios. Para Tu gloria...

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