Martes, 12 Diciembre 2017
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A los pobres siempre los tendréis

A los pobres siempre los tendréis Destacado

Si la población del mundo estuviera reducida a solo cien personas, siete de esas personas serían ricas. Diez estarían viviendo en una posición acomodada. Veinte estarían luchando cada día para mantener un nivel más menos decente de vida, y el resto, o sea sesenta y tres, serían francamente pobres, cuando no absolutamente indigentes. Tal es la fisonomía económica del mundo, según algunas estadísticas. La pobreza es un mal que debiera ser erradicado de la tierra. Como dijo Samuel Johnson: “La pobreza es el gran enemigo de la felicidad humana.

Destruye la libertad, y hace impracticables unas virtudes y sumamente difíciles otras”.

Jesús dijo un día estas palabras: “A los pobres, siempre los tendreís con vosotros”.

No estaba condenando a los pobres a seguir siempre pobres. No estaba sancionando con sus palabras la injusticia social. Nada más lejos del pensamiento y el sentimiento de Jesús. El no vino al mundo a dar pobreza sino todo lo contrario, a dar riquezas materiales y espirituales. ¡Sobre todo espirituales!.

Cuando Jesús dijo: “a los pobres siempre los tendreís”, simplemente estaba señalando una realidad humana, que es imposible dejar de reconocer. Siempre han habido ricos y pobres, y siempre los habrá, hasta que el mismo Jesús venga de nuevo a establecer en la tierra un reino justo, conabundancia para todos.

Lo que Jesús quería señalarles a la gente en esa ocasión es que, si querían hacer bien a los pobres, siempre tendrían pobres a la mano. Pero hacerle un bien a El, tal como ese perfume de nardo puro que María derramó sobre sus pies, no siempre podrían, porque pronto, muy pronto, Jesús partiría al cielo.

Hay cosas que se presentan una sola vez en la vida. Y la oportunidad de aceptar a Cristo como Señor; y Salvador, puede ser una de ellas. Oportunidades de hacer el bien, de dar limosnas, de conceder favores, de ocuparse en beneficencias diversas, aún de practicar la religión hay todos 1os días.

Pero la oportunidad de aceptar a Cristo puede presentarse tan solo una vez. Y esta vez, puede ser HOY.

ORACION. Yo no perderé mi oportunidad, Señor. Te serviré; te amaré bendeciré Tu vida con mi ser entero...

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