Viernes, 19 Enero 2018
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Rincón del Pastor (61)

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Interrogado

Jueves, 04 Enero 2018 15:35 Escrito por

“Y el sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió: Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto”. Juan 18:1920

Por fin el sospechoso había caído en manos de las autoridades. Por lo tenían allí, atado, esposado, indefenso, a su completa merced. El sumo sacerdote se frotaba las manos. ¡Por fin habían podido echarle el guante sin las molestas intervenciones del pueblo y sin las protestas de sus fanáticos seguidores.

Por tres años y medio Jesús había estado conturbando la nación. Sus enseñanzas morales eran revolucionarias. Sus milagros y prodigios le había ganado miles de seguidores. Su ostensible desprecio de la tradición de los ancianos lo habían hecho insufrible a los fariseos y sacerdotes.

Pero ahora lo tenían allí. Y el sumo sacerdote interroga a Jesús. Inquiere acerca de él, de sus pensamientos, de su doctrina, de sus intenciones, interroga acerca de cuáles son sus planes y sus propósitos, y sobre quiénes son, y qué hacen sus discípulos. Hay un placer voluptuoso en eso de interrogar a un enemigo indefenso. Y dice el Evangelio de Juan capítulo 18, que relata estas cosas, que ‘El sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y su doctrina El resentimiento que sufrían estos hombres, dirigentes religiosos de la nación judía, era porque Jesús no les había pedido permiso a ellos para predicar y juntar discípulos. La respuesta que dio Jesús al sumo sacerdote fué sencilla y terminante, como todas las suyas: “¿Porqué me preguntas a mi” Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado; he aquí, ellos saben lo que yo he dicho”. Es fácil, mi amigo, aún en el día de hoy, dirigir interrogaciones a Jesús.

Especialmente los hombres intelectuales, los que piensan, los que escriben, desean interrogar a Cristo y preguntarle acerca de su existencia, su persona, sus enseñanzas. Bien les cuadra a estas personas, la respuesta de Jesús. Primero, Jesús dice: “NADA HE HABLADO EN OCULTO”. Jesús nunca se ocultó en tugurios secretos para hablar. Lo hizo en todos los lugares públicos. Todavía están sus enseñanzas abiertas a todo público en las páginas de la Biblia. Segundo, “PREGUNTA A LOS QUE HAN OIDO... ELLOS SABEN LO QUE YO HE DICHO”.Son pues los DISCIPULOS

ACTUALES DE JESUS, los que real y verdaderamente han sido salvados del pecado por EL, los encargados de contar cuan maravillosas cosas hace Cristo con aquellos que se dan a El.

ORACION: ¡Claro que lo haré,Señor! Atantos que quieren saber, hoy les contaré y hablaré, de Ti...

Arrestado

Jueves, 28 Diciembre 2017 16:04 Escrito por

“Volvió pues,a preguntarles: ¿A quién buscáis? Y ellos dijeron: A Jesús el nazareno. Respondió Jesús: Os he dicho que yo soy; pues si me buscáis a mí, dejad ir a éstos; para que se cumpliese aquello que había dicho: De los que me diste, no perdí ninguno”. Juan 18:7‑9

Era una noche serena y fría, mi amigo. Noche de principios de primavera. Noche de un invierno rezagado, que no quiere abandonar todavía los montes, y los huertos y las calles inhóspitas.

Jesús está en el huerto de los Olivos. Ora. Se acercó a la hora trágica. La sombra de la Cruz ya extiende sus brazos sobre el Maestro de Galilea. Jesús ora. Los discípulos, cansados, agotados, con una indecisa sensación de angustia, duermen, Pronto el benéfico sueño huirá de sus ojos por largo tiempo.

Una turba de soldados se acerca por entre los olivos verdinegros. Traen antorchas y armas. Un traidor camina entre ellos. De pronto, descubren a Jesús y dan la voz de alto. Jesús, sabiendo todas las cosas que le habían de sobrevenir, se adelantó y les dijo: “¿Aquién buscáis?” Los soldados respondieron: a “Jesús Nazareno”. Y el Señor con absoluta calma, como quien es el dueño de la situación, les dice serenamente, YO SOY.

Perseguido y acusado falsamente por sus enemigos, cumpliendo un destino trazado para él desde la fundación del mundo, sabiendo El que todas cosas que están escritas acerca de El, deben tener forzoso cumplimiento se deja

arrestar tranquilamente, sin resistencia. El vino al mundo con misión, y ha de cumplir esa misión hasta el fin.

Pero con todo, les hace por segunda vez la pregunta. “¿A quién buscáis?”. “A Jesús Nazareno”, ‑vuelven a decirle. “Si me buscáis a mí –dice Jesús‑ dejad ir a éstos”. Noble como solo El lo ha sido, se deja arrestar sin reproches para dejar en libertad a sus amigos. Este es el arresto de Jesús. Un arresto como el de cualquier malhechor. Una emboscada al amparo de las sombras, un entregador que actúa, y luego el arresto del inculpado, las esposas que aprietan las muñecas, las ataduras avergonzantes y el empujón para hacer caminar al preso.

Un arresto como miles de otros. Solo que esta vez, ¡solo por esta vez! ,el arrestado es super inocente, y los arrestadores super culpables. Eso fue, mi amigo, lo que los hombres hicieron primeramente con Cristo, cuando ya el drama del Calvario era inminente: lo arrestaron. Y eran todo lo que podían hacer con El. Poco después Jesús rompería todas las cadenas, aún las de la muerte. para constituirse en el más grande libertador espiritual de todos los tiempos.

ORACION: ¡Gloria a Ti, Señor! Por Tu muerte, me hiciste libre a mí..

Conviene que yo muera

Jueves, 21 Diciembre 2017 15:37 Escrito por

Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.”
Mateo 16:21

Mi amable amigo y amiga, tenga usted el mejor de los días. La frase resonó patética en esa noche. Era una noche clara, ni fría, ni calurosa. Los hombres quedaron quietos, perplejos, tratando de comprender el sentido de esas palabras mientras poco a poco la luz se hacía en sus cerebros sumiéndolos al mismo tiempo en un mar de pensamientos.

“Conviene que yo vaya a Jerusalén, y muera”. Esa era la frase, Esas palabras. Las pronunciaba Jesús. Y las escuchaban los apóstoles. Ya llevaban como tres años andando juntos. Aquellos pescadores del mar de Galilea, y de distintos oficios habían aprendido a amar intensamente a Jesús. Y he aquí que Jesús, en la noche clama, y cuando todo parecía andar para el grupo, dice esas palabras alucinantes, “Conviene que yo muera” ¿Cómo podía morir él, ahora? Se preguntaban los hombres. ¡Ahora es cuando más lo necesitamos! Ahora que el pueblo está dispuesto a seguirle, y los romanos están descuidados. Si abría de estallar la guerra de independencia este era el momento, cuando una nueva Pascua se acercaba y ansias de libertad bullían en miles de corazones. Jesús podría ser el caudillo que capitanease las masas, contra la guarnición romana. Pero he aquí que les dice, “Os conviene que yo muera”.

Nuevamente se levanta aquí la sombra de la Cruz. Desde su nacimiento la vida de Jesús estuvo señalada por la sombra de la Cruz. Desde mucho antes de su nacimiento, ya se levantaba una Cruz en su horizonte. Porque la Biblia dice que Jesús “es elcordero inmolado desde antes de la fundación del mundo”. Jesús había venido, según el profeta Isaías, a dar libertad a los presos, a predicar a los cautivos apertura de cárcel, a defender a los desposeídos,

a vendar a los quebrantados de corazón, y a proclamar el día de la venganza de nuestro Dios. ¿Cómo podía morir? ¿De qué manera podía ser su muerte una conveniencia? ¡No podían entender esas palabras!

Pero eran ciertas. Jesús es salvador. Jesús es libertador. Jesús es justiciero, Jesús liberta el cuerpo y la mente. Jesús transforma al individuo y mundo. Pero lo hace MURIENDO EN CRUZ. Quien comprende esta vedad, encuentra la vida.

ORACION: Que distintos son tus caminos, Señor. Muriendo es como me has dado vida. ¡Gloria a Tu Nombre!...

Meditando en la cama

Jueves, 14 Diciembre 2017 15:26 Escrito por

“Respóndeme cuando clamo, oh Dios de mi justicia. Cuando estaba en angustias, tú me hiciste ensanchar; ten misericordia de mí, y oye mi oración... Temblad y no pequéis; meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad .. En paz me acostaré, y asimismo dormiré: porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado‑‑‑. Salmo 4:1,4,8

He hablado ya acerca de las pildoras para dormir y de la falta de sueño que aqueja a muchos de los mortales. Ahora leo en las estadísticas que de todas las enfermedades mortales que en este siglo diezman a la raza humana, las enfermedades cardíacas se cuentan entre las peores. ¿Y a qué se deben las enfermedades del corazón? A la tensión nerviosa. ¿Y cuál es la causa? Los problemas de la vida. La ansiedad que provoca la incertidumbre económica, por ejemplo, sumada al temor a las enfermedades, la amenaza de una guerra nuclear, la invasión de seres ultraterrestres, los peligros reales o imaginarios, hacen subir la presión arterial, congestionan el cerebro, acidifican la sangre, endurecen las arterias, cierran la coronaria... y el hombre de negocios, el hombre de gobierno, el padre de familia, el jefe militar, etcétera... todos ellos, sufren tensión nerviosa.

Y la paz se evapora, el sueño se va, el insomnio se apodera de nosotros y las horas de la noche se van en blanco. La Biblia se ocupa, mi amigo, de esas horas de la noche que a veces transcurren en un desvelo. Por ejemplo, en el Salmo 4 leo estas palabras: “Temblad, y no pequéis. Meditad en vuestro corazón estando en vuestra cama, y callad”. Usted dirá que cuando está padeciendo insomnio no hace más que pensar y pensar, y por eso precisamente se desvela. Déjeme decirle una cosa: si usted solamente piensa en sus problemas, nunca encontrará la solución ni la paz del alma. Por el contrario, tanto pensar en sus problemas puede llevarlo a la obsesión, que corroe el entendimiento y nubla el criterio.

Lo que la Biblia dice es, MEDITAD. Meditad serenamente en Dios, en Su Amor y en Su Gracia, y en Jesucristo, que bajó del cielo a ofrecer a los seres humanos paz y descanso, y murió en la cruz para redimirlos del pecado, y resucitó para abrir para todos un camino de vida nueva y subió a los cielos, para interceder desde allí por todos lo que confían en El y claman a El. En estas cosas, amigo mío, vale la pena pensar, como Dios quiere. ¿Y cuál es el resultado de esa meditación que haré en mi cama, en las horas tranquilas de la noche? “preguntará usted”. Bueno, este salmo tiene la respuesta. Dice al final: “En paz me acostaré y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado”. La fe en Dios, la entrega de corazón a Cristo, el recibirle a El como Salvador, nos trae paz y calma, y sueños tranquilos y felices. ¡Vale la pena probar! Hoy mismo ponga su confianza en CRISTO JESUS.

ORACION: ¡Qué diferente es mi vida desde que te conozco a ti Señor! Me has dado paz. Me has llenado de Tu amor. Todo es diferente desde que te tengo a Ti. Gracias Señor...

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He aquí el Cordero

Jueves, 07 Diciembre 2017 17:19 Escrito por

“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. Juan 1:29

Mi amigo y mi amiga, que Dios le bendiga a usted y a su familia. Era un dedo nada más. Era el dedo índice de la mano de un hombre, que se levantó y apuntó, señalando a otro hombre, que estaba de pie, sereno, tranquilo, como el que sabe cuál es su destino y cual es su misión.

Y el hombre cuyo dedo levantado apuntaba al otro hombre dijo pocas palabras: HE AQUI EL CORDERO DE DIOS, QUE QUITA EL PECADO DEL MUNDO. Las multitudes que oyeron quedaron pasmadas, tratando de penetrar el significado profundo, apocalíptico de tales palabras. La frase tenía resonancias de sentencia de muerte; porque señalar a un hombre, y llamarle CORDERO DE DIOS, es sentenciarlo a muerte.

El hombre que señalaba con el dedo, era Juan el Bautista. Y el hombre señalado, el Señor Jesucristo. Estaban ambos en las riberas del Jordán. Y gran cantidad de gente venida de Jerusalén y de Judea y de toda la provincia de alrededor del Jordán los miraba y escuchaba, e iban comprendiendo. Si Jesús, el profeta de Nazaret, el Maestro de Galilea era el Cordero de Dios, entonces, más tarde o más temprano tendría que ser sacrificado. Y aquí tenemos otro de esos momentos bíblicos en que se cierne sobre Jesús la sombra de la Cruz. Como cuando era un niño y vinieron los sabios de oriente y le ofrecieron mirra, la resina que se usa para embalsamar cadáveres. Como cuando a los doce años de edad el mismo Jesús dijo, “Me conviene estar en los negocios de mi Padre” y el negocio de Dios era entregar a su hijo.

Ahora, por tercera vez en su vida se extiende sobre él la sombra de la Cruz. Jesús es el Cordero de Dios, como cordero de Dios debe morir. En la antigua ley se sacrificaban corderos para cubrir la falta del pecador. Cada vez que un hombre violaba los mandamientos, y esto era todos los días, traer un cordero al altar. El hombre

confesaba sus pecados sobre la cabeza del cordero, traspasándoselos, y el sacerdote lo sacrificaba. La sangre del cordero inocente era garantía de perdón para el pecador culpable.

Siglo tras siglo esta ceremonia impresionante fue grabándose en la mente del público. “Sin derramamiento de sangre, no se hace remisión de pecados”. Pero, la sangre de animales no era suficiente. No limpiaba la conciencia. SOLO LA SANGRE DE CRISTO LO HACE. Limpia corazón, conciencia, alma y vida. Cristo, mi amigo, es el Cordero de Dios que salva toda la eternidad.

ORACION: Eres un Salvador maravilloso. ¡El único Salvador!...

Los negocios de mi padre

Jueves, 30 Noviembre 2017 17:16 Escrito por

Mi amigo y amiga, tenga usted el mejor de los días. Aquella era una larga caravana de hombres, mujeres y niños. Bajaban cantando las colinas y lomas que descienden de Jerusalén hasta las tierras bajas, para llegar por fin a Nazaret de Galilea.

Entre la caravana iban José y María, los que eran tenidos por padres de

Jesús. Después de un día de camino se dan cuenta que Jesús, a la sazón de doce años de edad, no está entre ellos. La consternación del matrimonio es profunda. ¿Dónde andaría Jesús? Al principio pensaron que estaría entre otros parientes y amigos, pero no estaba entre ellos.

José y María corren a Jerusalén. Seguramente Jesús se ha quedado perdido, desconectado de todos los otros galileos. Quizá está enfermo. Después de varias horas de afanoso caminar y buscar, lo hallan en el templo. En medio de los doctores. Jesús les está haciendo preguntas. Y también está dando respuestas.

Los doctores judíos, viejos hombres encanecidos sobre las Sagradas Escrituras, se hallan asombrados, Ese niño galileo de doce años es extraordinario. Tiene una penetración espiritual asombrosa. Una lucidez mental extraordinaria. Conoce las Escrituras como el más experimentado escriba, es un sabio en las respuestas. José y María alcanzan a Jesús y le dicen con reproche: “Hijo, ¿por qué nos hiciste esto? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia Y Jesús, sereno, sonriente, dueño de sí mismo como siempre, les dice

tranquilamente: “¿Porqué me buscabais? ¿No sabías que en los negocios de mi padre me es necesario estar?”.

Y bien, ¿cuál es el negocio de Dios? Sencillamente salvar a los hombres del pecado. ¿Y cómo Dios lleva a cabo ese negocio, cómo Dios salva a los hombres del pecado?. Pues, nos dice la Biblia, que enviando a su Jesucristo a morir en una cruz, para que su muerte en Cruz sea el precio de redención por todos los pecadores del mundo.

Cuando Jesús habló de los “negocios de su Padre”, la sombra de la cruz extendió sus dos brazos sobre él. Amigo, Jesús murió por usted y por mí. Que hacemos usted y yo, por el?.

ORACION: A mí también, Señor, hoy me conviene estar en Tus, negocios Hoy quiero compartir Tu mensaje de salvación con los demás...

Vaticinio de la Cruz

Jueves, 16 Noviembre 2017 17:03 Escrito por

Mi amigo y amiga, que Dios le dé salud y felicidad. Hoy quiero hablar de tres camellos. Tres camellos que partieron de oriente y tomaron rumbo oeste. Tres camellos que siguieron la ruta de Abraham, el patriarca, describiendo sobre las tierras del Irán, del Irák, de Líbano y Transjordania, un gran arco hasta entrar en la tierra sagrada. La tierra de Israel, y que, la tradición, llevaban sobre sus lomos a tres magos de oriente, hombres sabios en su tierra, estudiosos de la profecía. Ellos sabían que algún día, según una profecía muy antigua, habría de aparecer una brillante estrella en los cielos, y que esa estrella marcaría el tiempo y el lugar del nacimiento del gran rey de los judíos.

Y guiados por la estrella, los magos, montados en sus camellos, verdaderos “reyes de la fatiga”, cruzaron todos los kilómetros necesarios para llegar desde oriente hasta Belén. Y allí, en una sencilla casa de vecindad, hallaron a María, a José, y al Niño Jesús. Y entonces, “abriendo sus tesoros”, le ofrecieron dones: oro, incienso y MIRRA.

También amigo, quiero hablarle acerca de la sombra de la Cruz. Cuando analizamos la vida de Jesucristo tal como está dada en los cuatro evangelios, vemos que desde un principio su existencia estuvo señalada por la sombra de la Cruz. Porque El vino del cielo a vivir entre los hombres, con una sola misión y propósito: ser crucificado, para que su muerte en Cruz sea la redención de todos los seres humanos.

Cuando los sabios de oriente, supieron que había nacido ese Rey judío poderoso que traería salvación al mundo, hicieron el largo viaje para ofrecerle oro, incienso y mirra. Ahora bien, ¿para qué sirve el oro? Sirve para riqueza, para gloria y para hacer coronas de rey. No hay ninguna sombra de crucifixión en el oro. ¿Para qué sirve el incienso? Para alabanza y adoración. Se quema incienso a quien se quiere alabar y adorar, a quien se quiere dar reverencia por su cargo o su misión. Pero, ¿para qué sirve la mirra?

La mirra es una sustancia aromática que se saca de arbustos del desierto. para dos cosas: una para embalsamar cadáveres, y otra, como soporífero para calmar Dolores intensos. Y en esta mirra que los sabios ofrecen a Jesús tenemos ya un vaticinio de su cruz. Precisamente, cuando Jesús estuvo en la agonía de la cruz, los soldados romanos le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero, él no quiso beberlo. Jesús vino con una misión: morir en Cruz para que usted y yo, podamos ahora recibir redención y vida eterna.

ORACION: Me asombra Tu misión. Desde el principio todo indicaba que ibas hacia la Cruz. ¡Muchas gracias, Señor!...

Tres horas de tinieblas

Jueves, 02 Noviembre 2017 14:48 Escrito por

Sencilla y sobriamente nos dice el evangelio: “Y cuando era como la hora sexta, hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena”, hubo tinieblas desde las doce del mediodía hasta las tres de la tarde. Es decir, en las horas de mayor luz diurna.

Era la primavera del año 30 de nuestra era, en las afueras de Jerusalén. Jesús estaba crucificado. Junto con él, dos ladrones, uno a la derecha y otro a la izquierda. Una multitud se había dado cita para contemplar el espectáculo. Sacerdotes y dirigentes judíos, soldados romanos, allegados de Jesús, viajeros, peregrinos, curiosos.

Una crucifixión triple no era espectáculo de todos los días. Y cierta propensión morbosa de la gente la lleva a solazarse con espectáculos macabros. De pronto, ¡tinieblas inesperadas! El sol cubre su faz, el cielo se encapota de nubes, el pavor que siempre produce un súbito oscurecimiento del cielo sobrecoge a todos.

Lentas, agobiantes, cargadas de dramatismo, comienzan a correr las horas. Muchos lloran. Otros tiemblan, sin atreverse a hablar. Alguno hay que se hinca y recita una oración. Los soldados romanos, aferrados a sus lanzas escrutan con desconfianza a esas masas de pueblo. Los judíos no son de fiar nunca, y menos en tiempos de Pascua.

Pero nada pasa. Solo tinieblas espesas sobre el Calvario, sobre Jerusalén, sobre el mundo. Porque es la hora del Sacrificio Supremo por el Pecado del Mundo. Y mientras el Cordero de Dios que quita el pecado, está agonizando, es preciso que haya tinieblas. Es la hora de las supremas tienieblas espirituales, preludio de la brillantísima luz de la Salvación que muy pronto habrá de brillar para toda la humanidad.

Cuando por fin un rayo de sol se filtró por entre las nubes, Jesús dio Una gran voz “¡Consumado está!”. Era un grito de victoria. El Sacrificio había sido ofrecido. Dios el Padre lo había aceptado. El pecado del mundo había sido quitado. No más tinieblas de aquí en adelante. Las tinieblas seguirán para aquellos que no creen. Pero para los que creen en Jesús, Hijo de Dios, entregado por nuestros delitos y resucitado para nuestra justificación, LUZ, LUZ Y LUZ...

ORACION: Es lo que también me ha ocurrido a mí, Señor. Mis tinieblas,Tú las transformaste en LUZ...

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