Lunes, 20 Noviembre 2017
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Rincón del Pastor (53)

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Siete días inolvidables

Jueves, 26 Octubre 2017 14:46 Escrito por

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, Y sígame”. Lucas 9:23

Por alguna razón singular, los períodos semanales de siete días tienen una incidencia especial en la vida de los hombres. Cada siete días hay un domingo de descanso. Cuatro semanas hacen un mes, 52 semanas hacen un año, y por años medimos nuestra existencia.

Las profecías bíblicas hablan de semanas de días, semanas de años, semanas de semanas de años y hasta semanas de milenios. Pero no quiero hablar de profecías en este momento. Más bien quiero mencionar la última semana que Jesús pasó en la tierra como hombre común. En primer lugar, siete días antes de la crucifixión, en una cena que dan a Jesús, una mujer derrama sobre él un perfume de gran precio. Jesús recompensa a esta mujer con el elogio más grande: “Siempre que se predica que el evangelio dijo el Señor sea dicho lo que esta mujer ha hecho por mí”. Aquella mujer representa el verdadero espíritu de alabanza y adoración desinteresados.

En segundo lugar ocurre la última cena. La última comida pascual que Jesús hace en la tierra con sus discípulos. En esta comida Jesús establece el Nuevo Pacto, que da por terminado el antiguo. Este Nuevo Pacto es de Gracia. Todos los hombres serán salvados gratuitamente, por gracia, cuando crean en Jesucristo crucificado, sin necesidad de obras o de merito. Este Nuevo Pacto será sellado con sangre. Con la sangre del mismo Jesús, sangre preciosa que dentro de poco se derramará en la Cruz. Por este Nuevo Pacto todos los seres humanos del mundo pueden verse libres del pecado, y ser hechos herederos del reino de Dios. Ocurre también la traición de Judas, la maldición de una higuera inútil que no lleva fruto, el juicio inicuo del Sanedrín Judío, la cobardía de Pilato al lavarse las manos; la negación de Pedro y la misma Pasión cruenta y dolorosa.

Fueron los siete días más grandes en la historia del mundo. Porque al fin de los siete, Jesucristo expiró clavado a una cruz, Su sangre brotó de su costado abierto, y regó la tierra. Era la sangre de Dios, cayendo sobre el mundo de los pecadores, para darles limpieza, redención, y perdón.

ORACION: ¡Más te conozco y más te amo, Señor! Gracias por todo lo que hiciste a mi favor...

Vida breve, pero intensa

Jueves, 19 Octubre 2017 14:25 Escrito por

La vida de Cristo fue breve, pero intensa. Nació en una aldea pobre, de un país pobre, en el seno de una familia pobre. Nació de noche, en un pesebre, bajo la mirada atónita de mansos animales, bueyes, ovejas, asnos. Murió una tarde de tinieblas, desangrado y palidecido, bajo la mirada atónita de sus discípulos, sus amigos y su madre.

La niñez, la adolescencia, la juventud, las pasó en un pequeño pueblo de la Galilea. Su oficio fue la carpintería. Su medio de vida, las tablas que cortaba, cepillaba y clavaba unas con otras para hacer bancos, mesas, yugos y ataúdes. Al final de su vida El se sentaría en un sencillo banco de madera, delante de una mesa servida, para hablarles a sus discípulos de llevar el mismo yugo suyo y de que debía morir y ser sepultado.

Bien se ha dicho de Cristo que “no escribió libros, pero en el mundo no cabrían los libros que podrían escribirse de El. No fundó escuelas o universidades, pero todas las escuelas se ocupan de El. No dirigió ejércitos, pero hay millones de seguidores suyos que se dejan matar por El”. Una vida breve, pero vivida intensamente, sin trazas de pecado. Jesús no tenía complejos de alma, no tenía trabas mentales, no tenía pasiones afiebradas. Podía hablar de los lirios del campo, los peces del mar, las aves de los cielos y alzar niños en sus brazos y comunicarles la palabra de vida. Nunca miró a una mujer para codiciarla; nunca mintió, nunca hurtó nada a nadie; nunca salió de sus labios una palabra que no fuera la verdad; jamás difamó al prójimo; nunca se postró ante ídolos. Era limpio por dentro y por fuera. Y esa vida que El llevó, desde Belén al Calvario, quiere que nosotros la vivamos también, y para ello nos provee los medios para lograrla. Por nosotros dio su sangre, que nos redime del pecado, su Espíritu, que es el Poder por excelencia, su Palabra, la Biblia, que es el verdadero y único alimento del alma.

Entre Belén y el Calvario, Jesús hizo todo por nosotros y para nosotros. ¿Qué hacemos nosotros por El?

ORACION: Quiero que mi vida, hoy, sea semejante a la que Tú viviste cuando estuviste en la tierra: pura e intensamente vivida para Tu gloria...

Belén y calvario: Dos misterios

Jueves, 12 Octubre 2017 14:50 Escrito por

Nació en un pesebre, entre pajas y tablas. Murió en un madero, clavado a una tabla en forma de cruz. Entre Belén y Calvario transcurre una de las vidas más breves, pero, la más formidable, de todas las vidas humanas que fueron vividas en este mundo.

Una vieja copla española dice: “En un portal de Belén / Hay un clavel encarnado / Que por salvar a la gente / Se hizo lirio morado”. En su sencillez revela, o menciona, dos misterios profundísimos: el nacimiento de Cristo y la muerte de Cristo.

No hay en toda la literatura humana que se ha escrito; una historia semejante a la de Jesucristo. Los pueblos que han creado dioses y han escrito historias acerca de ellos, los han presentado como guerreros, como titanes, como reyes ajenos y extraños a los seres humanos.

La Biblia dice que Cristo nació en un pesebre, el lugar más humilde, y murió en una Cruz, el sitio más ignominioso. Y en los 33 años que transcurren del pesebre a la Cruz, Jesús lleva una vida desconocida la mayor parte del tiempo. Unos pocos años, siendo un infante, los pasa en Egipto. Su niñez, adolescencia y juventud, las pasa en Nazaret, pequeña ciudad de Galilea. Muere a manos de verdugos romanos, crucificado entre dos ladrones.

El clavel encarnado, “hecho carne”, del portal de Belén, se hace lirio morado, “vestido con los paños funerales”, y todo esto “para salvar a la gente”. Para darle a la gente, muerta en sus delitos y pecados; muerta en sus esperanzas muertas, muerta en su limitación, y su impotencia y su mortalidad, una vida eterna. Una vida que ya no termina, que ya no cesa. ¿Cuál de los dos misterios es más grande? ¿Cuál de los dos milagros es el mayor? ¿Belén o el Calvario? Los dos son un solo milagro: el milagro de Dios haciéndose hombre para salvar al hombre.

Otra vez estamos en tiempos de Semana Santa, o Semana Mayor. ¿En qué vamos a meditar en estos días? Meditemos en Cristo, y su obra perfecta de Salvación. Miremos a Cristo crucificado por nosotros y en lugar de nosotros. Y la Biblia dice: “Mirad a Mí, y sed salvos, todos los pueblos de la tierra”.

ORACION: Es lo que hoy quiero hacer, Señor. A través de todo este día, voy a mirarte a Ti...

El asombro de la ciudad pecadora

Jueves, 05 Octubre 2017 15:08 Escrito por

Fue un día de asombro, de pasmo, de temor general. Nadie sabe como empezó, ni quién fue el primero en sentirlo. Pero, de improviso un temor repentino hizo presa de algunos individuos, hombres y mujeres, delincuentes de avería, con cuentas pendientes en la policía. Después, fueron otros ciudadanos, personas que sin ser delincuentes natos, con todo no eran escrupulosamente limpios. Por fin, toda la ciudad temió, tembló y se atribuló.

¿Qué había pasado? ¿Algún temblor de tierra? ¿Algún tornado o ciclón? ¿Algún incendio pavoroso? ¿Alguna señal de los cielos o cataclismo cósmico? ¿O quizá una plaga de langostas o de ratas? Nada de esto. Lo que la ciudad sintió aquel día fue un temor de Dios, una preocupación profunda del alma.

La ciudad temió por el pecado que cometía. Y se preguntó con angustia: “¿Quién de nosotros morará con el fuego consumidor? ¿Quién habitará con las llamas eternas? De golpe la conciencia se había despertado. Y los criminales vieron la sangre en sus manos. Los ladrones sintieron el peso de su robo. Los estafadores experimentaron el dolor de sus conciencias. A los chismosos y calumniadores la lengua les ardió en la boca.

Y ante la pregunta de aquella ciudad, vino la respuesta divina: “El que camina en justicia y habla lo recto; el que aborrece la ganancia de violencias, el que sacude sus manos para no recibir cohecho, el que tapa sus oídos para no oir propuestas sanguinarias; el que cierra sus ojos para no ver cosa mala; éste habitará en las alturas, fortaleza de rocas será su lugar de refugio...

Y los pecadores pensaron: ¿Cómo podemos librarnos de este mal? ¿Cómo podemos limpiar nuestras manos, purificar nuestro corazón, calmar nuestra conciencia, transformar nuestra alma?. Dios demanda justicia y rectitud; Dios exige que no recibamos cohecho y coima; Dios aborrece la estafa y la usura; y Dios abomina el derramamiento de sangre...

Y la ciudad, alertada por el profeta de Dios, supo como librarse de su maldad y reconciliarse con Dios. Y el profeta Isaías les dijo: “Porque Jehová es nuestro juez, Jehová es nuestro legislador, Jehová es nuestro rey; EL MISMO NOS SALVARA...

Amigo: He hecho una descripción de un momento en la vida de Jerusalén, cuando de golpe sintió la carga de su pecado. ¿Qué acerca de usted? ¿Siente esa carga? Solo JESUCRISTO se la quitará.

ORACION: Sí Señor, el pecado es una carga fea y pesada. Me avergüenzo de toda cosa mala que he cometido. Gloria a Ti porque Jesucristo perdonó todos mis pecados...

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El futuro rey del mundo entero

Jueves, 28 Septiembre 2017 15:20 Escrito por

“Fue el rey Hussein, de Arabia Saudita, que dijo unos cuantos años atrás: “Dentro de poco, solo habrán cinco reyes en el mundo: el soberano de Inglaterra, más los cuatro reyes de la baraja”. Extraña profecía, que no se ha cumplido precisamente. Desde entonces, ningún otro rey ha caído, y por el contrario, uno más se ha agregado a la lista de los reinantes: Juan Carlos, rey de España.

Sin embargo, tarde o temprano, el vaticinio de Husein resultará cierto: todos los reyes terrenales desaparecerán, y todos los tronos, rutilantes de pompa, oro y magnificencia, se convertirán en cenizas. Y no solo los reyes: también los presidentes, también los dictadores, también los hombres fuertes que hoy gobiernan sus naciones sentados sobre bayonetas y ametralladoras.

La Biblia dice, mi amigo, que llegará un día cuando, "todos los reinos del mundo serán los reinos de Nuestro Señor Jesucristo”. El profeta Isaías, que fue también estadista, hombre de gobierno, y profundo conocedor de la política de su tiempo, escribió en su magnífico libro, esas palabras del capítulo 32.

Si examinamos bien este precioso mensaje bíblico, mi amigo, veremos que se dicen cinco cosas de este buen rey, Primero: Que será rey justo. Es decir, que no será prepotente, arbitrario, despótico o engañador. Será imparcial tal como todo el mundo desea sea su gobernante. Segundo: Será un rey democrático, porque dice que, “príncipes presidirán su juicio”. Un rey capaz de distribuir las responsabilidades de su gobierno en muchos otros hombres buenos, sabios, justos y honrados. Tercero: Será un rey que proteja a sus súbditos contra los embates de la vida, contra el viento y el turbión del infortunio y la desgracia. Cuarto: Será un rey que saciará la intensa sed espiritual del alma de cada uno de sus súbditos. Porque dice que será, “como arroyos de aguas en tierra de sequedad”. Un rey excelente, como vemos, que no solo provee pan y trabajo, sino mucho más que eso: ¡el agua de vida que sacia la sed del alma!. Quinto: Será un rey que extenderá un manto de protección para preservar la vida eterna de todos los hombres. ¿Quién puede ser este glorioso rey futuro? Solo JESUCRISTO, el Señor que pronto viene. Haga de El su único Señor y Rey, amigo mío.

ORACION: Rey, de reyes y Señor de señores; te adoro con todo mi corazón. Nadie como Tú, Señor...

La tierra y el mundo están enfermos

Jueves, 21 Septiembre 2017 16:56 Escrito por

La cosa es grave y debemos, prestarle debida atención. Lo dicen los científicos, más serios y lo confirman los técnicos y estudiosos de todo el mundo: la tierra está enferma, el mundo está contaminado. Es un hecho comprobado que las áreas verdes de la tierra, los pastos y praderas se están quemando lentamente. Las costas boscosas y floridas se ven desérticas. Cada día los desiertos avanzan a razón de mil hectáreas, comiéndose los pastizales.

El mar está contaminado de petróleo y desechos. Especies marinas mueren sin remedio. Las ballenas azules se destruyen a razón de 40.000 por año.

Solamente en Norteamérica han desaparecido más de 300 especies de animales de la pradera. Sin embargo, no es cosa nueva. Ya lo decían los antiguos profetas de Israel, e Isaías lo narra en el capítulo 24.

Es el pecado del hombre, amigo mío, la causa de tanta ruina y tanta muerte, el hombre viola constantemente las leyes físicas, las leyes naturales, las leyes morales y espirituales de Dios. y por tanto, el resultado es degeneración, ruina y muerte. Si el hombre quebranta la palabra de Dios, sin deseo de arrepentirse ni sentimiento de culpa o arrepentimiento, ¿cuál puede ser

el resultado?

Lo dice el profeta: “Por esta causa la maldición consumió la tierra, y sus moradores fueron asolados; por esta causa fueron consumidos los habitantes de la tierra y disminuídos los hombres”. Y como la ruina física trae aparejada la pérdida de la alegría, agrega lo siguiente: “Se perdió el vino, enfermó la vid. gimieron todos los que eran alegres de corazón...

No beberán vino con cantar, la sidra les será amarga a los que la beben...es que el pecado trae en sí mismo su castigo. Arruina el cuerpo, estropea el carácter, deteriora la mente. Además. el pecado acarrea la condenación eterna, desencadena el juicio definitivo.

Sólo Jesucristo salva al hombre de la culpa del pecado, de la pena del pecado y de la esclavitud del pecado. Solo Cristo ofrece una salvación completa, eterna, perfecta. Pero a Cristo, amigo mío, hay que aceptarlo de todo corazón, rindiéndole toda la voluntad.

ORACION: Mi ser entero es para Ti, Señor. Toma hoy el control central de toda mi vida...

Desde Betábara hasta el Gólgota

Jueves, 14 Septiembre 2017 14:48 Escrito por

La vida pública de Jesús cubrió un espacio de tres años y medio. Muy pocos, a primera vista. Pero cuando profundizamos en lo que El dijo, hizo, enseñó, profetizó, mandó y fundó en esos tres años y medio, nos damos cuenta que fueron suficientes, y más que suficientes.

Jesús comenzó su vida públicamente bautizándose en Betábara, junto a la ribera del Jordán. Había centenares de pecadores bautizándose con El, pero, El no era pecador. El no tenía necesidad del bautismo de arrepentimiento que administraba Juan el Bautista. Pero lo hizo para marcarnos un camino y enseñarnos una conducta.

Después de ser bautizado en el Jordán, y tingido desde lo alto por el Espíritu de Dios, marcha por 40 días al desierto. Lucha con el diablo y lo vence. Después regresa a su aldea de Nazaret, y dice que Dios lo ha enviado a predicar buenas nuevas a los afligidos.

Después, por tres años y medio, recorre los caminos de Palestina, sube tres veces al año a Jerusalén, como todos los judíos, predica su doctrina de amor; sana enfermos, limpia leprosos, abre los ojos a ciegos, levanta paralíticos.

Todo el bien que hace, lo hace porque no puede hacer otra cosa más que el bien. Si sana una mujer que toca el borde de su manto, es porque la virtud sanadora brota de El como la energía brota del radio. Sana el siervo de un hombre a la distancia, con solo dar una palabra, es porque su Palabra tiene poder. No hay ningún esfuerzo mental en los milagros de Jesús. Se producen tan naturalmente como brilla el sol.

Mientras obra sanidades, milagros y prodigios, no deja de hablar. Habla con todos los necesitados de converción: mujeres de la vida; funcionarios despreciados, mendigos ciegos, enfermos desahuciados, jóvenes ricos sin sentido de la vida, ancianos, niños. Y a todos les da una palabra de esperanza, de fe, y de vida nueva.

Por fin, los sacerdotes y jefes del pueblo lo entregan al poder romano. Los romanos levantan una cruz en el Gólgota, un pequeño monte en las afueras de Jerusalén y los romanos se lavan las manos de tal injusticia. Allí termina sus días terrenales Jesús de Nazaret. Allá en Betábara murió simbólicamente. Aquí, muere realmente. Betábara ha sido la profecía de Gólgota. Pero al tercer día, Jesús resucita. Y es desde entonces el Unico Salvador y Dador de vida Eterna que tienen los seres humanos.

ORACION: ¡Qué vida maravillosa la tuya, Señor! ¡Eres asombroso!¡ Cuánto tengoque aprender de Ti ¡Ayúdame Señor!...

Juicio contra las vanidades

Jueves, 07 Septiembre 2017 14:21 Escrito por

Aquello parecía la maleta de un turco vendedor de baratijas, o la vidriera de una surtida tienda de pueblo. Un negocio que ofrecía solo artículos para mujeres. Había allí zapatos vistosos, redecillas, collares y brazaletes. Se exhibían atavíos para las piernas, partidores de pelo y pomitos de perfume. Había también, en profusión, anillos, joyeles, ropas de gala, mantoncillos, velos y bolsos. Y no faltaban los espejos, las telas de lino fino, las gasas y los tocados.

Pero no, mi amigo. Ni era la maleta de un turco vendedor, ni la vidriera de una tienda de lujo de Nueva York, Roma o París. Era la descripción que el profeta Isaías hace de las vanidades de la gente.

Por medio de un vívido lenguaje descriptivo de los adornos femeninos el profeta señala los defectos morales del ser humano. Su vanidad, su amor propio, su afán de lucimiento personal, su afanosa búsqueda de aplauso su orgullo de apellido o raza, sus apetitos sensuales, sus egoísmos y sus frivolidades.

Todas estas cosas son pecados del alma humana. Son desviaciones corrupciones de esa alma perfecta y pura que salió de las manos de Dios cuando el Hombre fue creado en el Edén como arte supremo de la creación a “imagen y semejanza de Dios”.

El hombre es una flor que se ha marchitado; un fruto que se ha puesto rancio. El pecado ha causado estragos en nuestra personalidad. Y aquello que salió bueno y perfecto de las manos de Dios, es hoy una masa de miserias, de defectos y de perversiones.

Dónde está el remedio? ¿Dónde la solución a todo este problema del

pecado? ¡En el Evangelio de Cristo! El Evangelio es potencia de Dios para la regeneración, la transformación y la salvación de todo aquel que está dispuesto a creer. Cristo bajó del cielo y se hizo hombre y se entregó en la cruz, para librar al hombre de todos sus males y de todos sus fracasos.

Haga de Jesucristo, amigo mío, su Señor, Salvador y Maestro, y El lo librará a usted de vanidades y de imperfecciones.

ORACION: ¡Sí Señor, eso es lo que quiero! Deseo librarme de todo lo sea vano y sensual. Ilumíname para descubrir cada área de mi vida que deba cambiar. Con Tu Poder, lo lograré. ¡Alabado sea Tu Nombre!...

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