Viernes, 27 Noviembre 2020
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Las caídas enseñan

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Cuando una persona llega a la cúspide, muchas veces envidiamos lo que tiene sin pensar en lo que tuvo que pasar para poder llegar a ese momento. La mayoría de las personas desean el éxito, pero no quiere pasar la prueba y nadie llega a ser exitoso sin pasar momentos que lo pondrán a prueba.

El éxito siempre se inicia con el deseo auténtico para triunfar y ese deseo se encuentra dentro de cada uno. Nadie puede inspirar o motivar suficiente para que uno tenga el valor de actuar y hacer lo posible para lograr sus objetivos, si uno no lo desea. Cuando las personas pueden alinear sus pensamientos con sus sentimientos tienen una posibilidad mayor para poder triunfar.

El secreto para esto radica en poder enfocar las ideas que tiene la mente y callar los miedos que solo hacen ruido y no dejan prosperar. Para que el corazón reconozca sinceramente lo que quiere, lo que le gusta y lo que de verdad lo haría feliz. Los triunfadores no nacen, se hacen. Son el tipo de personas que se caen siete veces o más y aprenden a levantar.

Cada caída les enseña un nuevo ángulo, les abre su perspectiva y además aprenden a descubrir una manera para superar cualquiera que sea su condición, sin reproches ni resentimiento. Son gentes que no se dan por vencida fácilmente. Tienen objetivos claros y sus acciones están impregnadas con determinación, esfuerzo y dedicación.

Pensar como triunfador implica desarrollar un compromiso a largo plazo uno mismo y con la vida. Es tener la responsabilidad más grande que la duda o el miedo. El compromiso genera carácter y ese carácter determina el avance que darás en tu próxima meta.

Ser una persona triunfadora no siempre quiere decir que se vive en una mansión millonaria, tampoco quiere decir que se trata de ser el individuo más famoso o más prestigiado de la comunidad. Para ser un triunfador se tiene que tener confianza en uno mismo, fe en que la vida es buena y abundante, pero sobre todo se tiene que sentir gratitud y satisfacción por todo lo que se tiene y se ha logrado.

A pesar de que toda persona tiene la potencialidad para triunfar, hay ocasiones que el triunfo se esfuma y se va de las manos. Muchas veces el resistir es más importante que el avanzar.

Pareciera que triunfar es solo una condición para los demás. Pero no es así. Toda persona que quiere triunfar puede, aun cuando esta persona se sienta derrotada y pudiera haber olvidado como desarrollar su potencial y volver a tener la fe que se perdió para volver a luchar.

Afortunadamente, aunque no lo crean, la vida se encarga de volver a regalar nuevas oportunidades para poder triunfar. Así que, aunque te sientas que has caído y no puedes continuar. Levántate y camina, no permitas que el presente sea más fuerte que el futuro que realmente te espera. Aprovecha tus errores y lograrás el éxito.

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    A pesar de que muchas personas insisten que la vida es cruel y por más de que hacen su mejor esfuerzo, hay ocasiones que las cosas no se dan como uno espera. O, si se les dan, hay una posibilidad de que lo que reciben, no es lo que estaban esperando.

     

    Cuando uno pide algo que desea o que necesita, no importa si es un capricho o realmente una verdadera necesidad, y esto no llega de plano... o le sucede algo distinto e inesperado, entonces, la primera reacción es sentir enojo, frustración y se cae en la creencia que la vida no le sonríe como a los demás.

     

    El dolor o la decepción es real. No se puede, ni se debe negar lo que se siente. Sin embargo, existe otra posibilidad, una versión quizá algo novedosa.

     

    ¿Cómo ver lo que no llega cuando uno pide y da lo mejor de sí?

     

    Que tal si la respuesta siempre ha sido; Si, siempre si. Solamente que esta afirmación no se percibe de inmediato, ni se siente clara como uno desearía, porque no fue lo que se esperaba.

     

    Hay tres instancias para ver el si que se pide y poder sentir la abundancia que se carece, cuando uno siente que el universo no coopera con uno. Pensando que no hay nada más que hacer porque todos los esfuerzos se evaporan sin dejar huella, a pesar de que se hizo todo lo que se podía y tristemente, lo que se ansiaba con tanta ilusión, quedó bajo la sombra de un sueño sin concretar.

     

    La primera apelación:

    Si te dan lo que pides, cuando lo pides y como lo pides. Súper fabuloso, nadie ocupa explicación. La vida es divina, todos están agradecidos y se vive feliz.

     

    La segunda versión:

    Si, pero lo que realmente necesitas, es lo que te llega, no lo que estás pidiendo. Quizá lo que buscabas puede ocasionar una pérdida que no estabas considerando. A lo mejor, lo que insistes que quieres, en realidad es una ilusión que no te sirve, no la necesitas, pero... lo que te llegó es mucho más de lo que esperabas y no lo puedes ver, porque estás empeñado es recibir lo que crees necesitar.

     

    Tercera posición:

    Si, y claro que sí, pero no ahora. Es decir, es posible que todavía no ha llegado el tiempo en donde estés listo para poder recibir aquello que es tuyo.

     

    Todos queremos tener en abundancia, pero muchas veces no estamos listos para recibirla, ya que el egoísmo no permite que la abundancia llegue a nuestras vidas. En ocasiones somos tan privilegiados, pero no nos damos cuenta, es cuestión de ver a nuestro alrededor y entender que tenemos abundancia cuando todavía existe un hogar, alimentos, salud, trabajo, etcétera,

  • Reconoce y aprende

    Cuántas personas viven enojadas consigo mismas porque se equivocaron y tomaron una mala decisión en algún momento de su vida. Así, en lugar de salir de ese sentimiento de culpa o enojo, se aferran más y pierden la oportunidad para reparar y continuar.

    Vivir recordando los errores cometidos solo conduce a tener una vida llena de amargura y resentimientos y el dolor no deja soltar el enojo, por lo que el corazón se endurece al punto que deja de creer que puede componer y sanar cualquier lo que se daño.

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    Si te equivocaste es importante reconocer el error. Sin ciencia y sin orgullo, aceptar el hecho tal cual como es, como un error. No se le justifica, ni se le da muchas explicaciones. Al error se le asume, se le confronta y se busca lo que se pueda salvar.

    Estar consciente de las consecuencias y del daño que se ha causado y ser humilde para saber que por más incómoda que sea la situación, hay que saber disculparse y buscar una buena solución.

    Tú no eres los errores que haces, eres mucho más que eso. No tienes por qué cargar a tus errores ni por qué juzgarte en base a lo que hiciste. Tú tienes la posibilidad de arreglar (casi) cualquier situación que has dañado. Los errores son grandes maestros si aprendes a escucharlos.

    El problema más grande que hay es que muchas personas tienen tanto miedo a enfrentar el error que hicieron que cuando se equivocan, piensan que han hecho algo impresionantemente mal, que han fracasado y que lo han arruinado todo. Sin darse cuenta que una equivocación es solo una equivocación. Cuando esta se reconoce rápidamente, se le puede editar haciendo ajustes necesarios para continuar lo que se tenga que corregir.

    Los errores son necesarios y nadie se salva de estos, la cuestión como todo, es la actitud con la que se enfrentan y se superan.

    No se trata de justificar malas decisiones, ni las equivocaciones mayores que pueden llegar a crear consecuencias irreparables. En la mayoría de los casos, se puede decir que los grandes errores y los problemas que parece no tienen arreglo, se iniciaron un una pequeña e insignificante equivocación que se descuidó y se convirtió en un resentimiento mayor.

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  • Tu vida puede cambiar

    Muchas veces las situaciones de la vida producen cambios que ni siquiera esperamos. Cambios en nuestra actitud, en la forma en que vemos el presente y/o en las decisiones que haremos para nuestro futuro.

    Pero, para que las cosas cambien en tu vida tienes que cambiar tu forma de pensar. Cuando modificas la forma como recibes la información, transformas tus reacciones ante lo que sucede. Este proceso se inicia dentro de uno mismo, aceptando las debilidades, confrontando los miedos y luchando contra las creencias que limitan o paralizan.

    En corto, hay que redirigir los pensamientos y cambiar la forma de pensar para poder avanzar y vivir mejor. Desafortunadamente no es tan fácil cambiar y obtener los resultados deseados.

    No hay remedios inmediatos y el camino requiere mucho valor, flexibilidad, compasión propia y sobre todo determinación para poder cambiar la forma de pensar. Para cambiar los pensamientos hay que entrar a ese temido cuarto obscuro que es tu mente y confrontar tus ideas que solo te han limitado.

    Esto es un reto que no muchos están dispuestos hacer y que algunos, no saben que es posible. Esa lucha con uno mismo, tan difícil e incómoda, es precisamente la batalla que libera y permite el cambio y la superación personal. La vida es buena. Toda persona merece ser feliz. Todos tienen la posibilidad de encontrar y crear oportunidades para vivir mejor. No importa si la vida es injusta, ni siquiera te concierne cuánto tienen o como se ven los demás.

    Tú tienes la fortaleza dentro de ti para dejar de conformarte con lo que tienes y cambiar tus resultados. Tú puedes encontrar nuevas ideas reemplazando lo que hasta ahora no te ha ayudado a vivir en paz y armonía. Busca la bondad en las personas, hasta en las que te caen mal. Reconoce que tú y solo tú puede tomar la decisión para planear tu vida. No dejes que el destino te imponga el camino. No busques culpables de lo que te sucede, más bien cambia la perspectiva de lo que te está sucediendo y aprovecha la situación para realizar un cambio positivo en tu vida.

    Cuando comienzas a cambiar las verdades que rigen tus creencias y te enfocas en crear oportunidades, cuando aceptas que la vida es buena y tienes el derecho de ser feliz, tus pensamientos se convierten en realidades. Tu mente busca el equilibro, la salud emotiva y el éxito será tuyo. Recuerda nadie te debe nada. Tú tienes lo que tú haces por ti. Resetea tu mente, aprende a pensar positivo y deja de ser víctima del mundo que tú solo te has creado.

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